Mientras no arrastraran a sus padres a ser sus sirvientes personales, todo estaba perfecto.
Después del almuerzo, Nerea aprovechó la oportunidad para llevarse a Estefanía y a Álvaro.
Por lo visto, Doña Beatriz planeaba quedarse en Puerto Rosales por un buen tiempo.
Al llevárselos, los libraba de tener que soportar los desaires de la anciana.
En el camino de regreso, Estefanía y Álvaro acordaron invitar a la familia Santillán a cenar esa noche en la casa.
Álvaro, por supuesto, estuvo de acuerdo.
...
En un lujoso apartamento del hotel.
Liam Santillán se había puesto un traje de corte impecable, llevaba un abrigo negro sobre el brazo y zapatos de diseñador hechos a medida, perfectamente lustrados. Llevaba el cabello fijado con gel, proyectando la imagen de un hombre de negocios de alto nivel.
Abrió la puerta de su habitación y salió a la sala de estar, justo cuando su madre, Sofía, terminaba una llamada telefónica con Estefanía.
Al verlo tan elegante, emanando un aura noble y sofisticada, Sofía pensó que cualquier jovencita caería rendida a sus pies.
Pero no, él tenía que ser el solterón empedernido que nadie quería.
De inmediato, se molestó y le preguntó secamente: —¿Vas a salir?
Liam asintió. —Tengo una cena de negocios esta noche, así que no cenaré con ustedes.
Sofía agitó la mano con desdén. —No hace falta. La consuegra nos acaba de invitar a cenar a su casa.
Al escuchar eso, Liam se detuvo en seco. —¿A toda la familia?
Él también era parte de esa familia.
Entonces también podía ir...
—Así es. Pero ya que tú no vas, la llamaré ahora mismo para decirle que preparen menos comida, no hay que desperdiciar.
En ese preciso momento, el celular de Liam sonó. Contestó la llamada.
Era su asistente: —Señor Santillán, ya estoy en la planta baja, puede bajar cuando guste.
Con rostro totalmente serio, Liam respondió: —¿Cancelar? Ah, de acuerdo. Entendido.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio