La cruda realidad demostró que nadie es perfecto.
Después de pasar por las manos de Liam, una papa del tamaño de un puño quedó reducida al tamaño de un huevo.
Nerea miró el triste resultado en silencio por un largo rato.
Liam sonrió con tranquilidad. —Mira, así ya ni siquiera tienes que cortarla.
Nerea le dio un consejo muy sincero: —Hermano, ¿qué tal si mejor vas a tomar el té?
...
En el comedor, luminoso y cálido, flotaba el delicioso aroma de la comida mientras todos brindaban.
Estefanía dio un sorbo al vino que habían traído y sus ojos brillaron de sorpresa. —¡Consuegra, este vino es excelente! —lo elogió.
Sofía señaló a Liam con una sonrisa. —No tengo idea de dónde lo sacó.
Luego, mirando a Liam, le ordenó: —A tu tía Estefanía le gustó mucho, así que consigue unas botellas más y tráeselas a su casa.
Ese vino, en realidad, era de Cristian Vega.
Personas de su nivel solían tener cavas privadas en diferentes ciudades importantes, simplemente para facilitar sus reuniones de negocios.
Liam compartía cava con Cristian, pero de sus propias reservas solo le quedaban algunas botellas que otros habían descartado; aunque no eran de mala calidad, no se comparaban con la excelencia de la colección de su amigo.
Por eso, las tres botellas que había llevado esa noche eran de Cristian.
Liam memorizó la etiqueta del vino y asintió. —Claro, en un par de días se lo traeré, tía Estefanía.
Estefanía rio y declinó amablemente. —Ay, no, no te molestes.
Sofía frunció el ceño fingiendo enojo. —Consuegra, no vuelva a decir eso, que me ofendo. Ya somos familia, y entre familia no hay formalidades.
Estefanía no tuvo más remedio que aceptar la muestra de cariño. —Está bien, entonces muchas gracias a usted y a Liam.
Liam le hizo una leve inclinación de cabeza con total caballerosidad. —Es un placer, tía.
Estefanía observó la postura recta y elegante de Liam y preguntó con curiosidad: —Ese traje te queda muy bien hoy, Liam. ¿Acaso fuiste a una cita a ciegas?



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