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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 786

«No solo eso, mi cuñada sintió que mi madre insultó su dignidad, como si creyera que ella iba a robarse esos cien mil. Mi cuñada se fue llorando a la casa de sus padres y amenazó con divorciarse de mi hermano. Mi hermano me llamó para decirme que me devolvería el dinero poco a poco. Sé cuánto está sufriendo, no quiero que todos se peleen por culpa del dinero.

Le prohibí que me lo devolviera. Le dije que usara esos cien mil para rehacer su vida con mi cuñada, para que vivan bien y, si Dios quiere, algún día me den otro hermoso sobrino o sobrina. Pero de ahora en adelante, tendré que trabajar duro para el sargento Rojas y pagar la deuda que me quedó...».

Al escuchar las palabras plasmadas en el diario de su difunto hermano, los recuerdos del pasado se proyectaron en la mente de Hugo como en una película.

Esa chispa de afecto familiar que aún yacía enterrada en lo más profundo de su ser por fin despertó. Lo inundó una culpa tan abrumadora que se cubrió el rostro con las manos, llorando a mares y dejando que los mocos y las lágrimas le escurrieran por la cara...

Mientras tanto, en la otra sala de interrogatorios.

Mónica seguía mostrándose agresiva, irracional y totalmente renuente a cooperar.

Nerea recordó aquella cálida habitación de tonos rosados y la forma tan cuidadosa en que Mónica había abierto la puerta. Se acercó a un oficial y le susurró algo al oído.

El oficial asintió y se comunicó con el agente encargado de interrogar a Mónica: «Es una madre. Su punto débil es su hija. Intente presionar por ese lado. Por cierto, su marido acaba de derrumbarse, es cuestión de minutos para que confiese todo».

Al escuchar esto, el interrogador miró a Mónica y sentenció: «Mónica Vargas, su esposo ya lo admitió todo. Así que, a estas alturas, ya no nos importa si usted confiesa o no. Pero debe saber algo: Sofía Vargas es huérfana de un militar caído. Lo que ustedes hicieron es un delito gravísimo, por el cual serán condenados a la pena máxima.

Y si ustedes terminan en la cárcel... su hija será enviada a vivir con algún pariente o directamente a un orfanato. Y si ese pariente que la acoja resulta tener el alma tan negra y podrida como ustedes, tal vez algún día, cegado por la avaricia, también decida vender a su niña...».

Mónica se petrificó. Ya había perdido a un hijo, y su hija era lo único que le quedaba en el mundo.

Desde que la niña nació, la amaba más que a su propia vida.

Sumado al hecho de escuchar que su esposo ya había confesado, su resistencia mental se hizo añicos por completo.

Ambos confesaron casi de manera simultánea.

Los beneficios otorgados a los huérfanos de los militares caídos eran inmensos. No solo recibían un fuerte subsidio mensual, sino regalos constantes en cada fecha festiva, educación y atención médica gratuitas.

En el futuro, incluso tendrían puntos adicionales para entrar a la universidad.

Al graduarse, también disfrutarían de beneficios de empleo, e incluso podrían conseguir fácilmente un puesto gubernamental o dentro del ejército.

Por todo esto, la codicia cegó a Mónica, quien maquinó el plan para que su propia hija usurpara la identidad de la verdadera Sofía y se apropiara de todos los beneficios del Estado.

Total, pensaron, la familia Vargas ya no tenía a nadie con vida. Los documentos de identidad de Sofía estaban bajo su control, y como la niña era pequeña y las niñas cambian de apariencia al crecer, ellos serían los únicos en decidir quién era Sofía en el futuro.

Capítulo 786 1

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