En el instante en que la policía capturó a los traficantes de personas, Nerea Galarza irrumpió en el lugar buscando a la niña.
En una habitación con un olor nauseabundo, estaban encerrados varios niños y mujeres.
Cuando encontró a Sofi, la pequeña estaba hecha un ovillo en el suelo, con las mejillas encendidas y el cuerpo temblando por los espasmos.
Nerea extendió la mano para tocarle la frente; la temperatura era abrasadora.
Quizás porque las palmas de Nerea estaban frías, Sofi sintió un alivio reconfortante, y frotó inconscientemente su frente contra la mano de ella.
—Abuelita, papá, duele... snif... a Sofi le duele...
Sofi sollozaba como un animalito herido.
El corazón de Nerea se encogió de dolor.
Una de las mujeres a su lado dijo débilmente: —La pobre criatura lleva toda la noche con fiebre.
—Muchas gracias, la policía ya está en camino.
Diciendo esto, Nerea tomó a Sofi en brazos y salió corriendo.
Sofi pasó del piso frío y duro a un abrazo cálido y suave, como si hubiera caído en las nubes. Era tan blando, olía tan bien.
Sus pestañas húmedas por las lágrimas temblaron y abrió apenas los ojos. Le pareció ver a su mamá.
—Mamá...
Al escuchar la voz de Sofi, el corazón de Nerea dio un vuelco. Bajó la mirada e intentó esbozar una sonrisa tierna: —Sofi, ¿despertaste?
Sofi deliraba por la fiebre, su conciencia estaba nublada. Apretó su manita contra la ropa de Nerea y sus labios volvieron a moverse: —Mamá, ¿eres tú?
—Sí, soy mamá —asintió Nerea con una sonrisa.
Héctor Omar venía un poco más atrás, y al verla salir con una expresión de urgencia llevando a una niña en brazos, supuso que era Sofi.
Frenó en seco. —Nerea, ¿qué le pasó a Sofi?
—Tiene fiebre alta.
Por suerte, el operativo contaba con personal médico.
Nerea subió a la ambulancia dando zancadas con Sofi en brazos.
Los paramédicos, que estaban listos, le pidieron a Nerea que acostara a la niña.
Pero Sofi se negaba a soltarla. Mirándola con los ojos llenos de lágrimas, suplicó: —Mamá, no te vayas, no me dejes. Sofi será buena. Mamá...

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio