David Aranda no estaba al tanto de la desaparición de Leonardo.
Por lo tanto, al ver al hombre en el cuadrilátero, se quedó claramente perplejo, preguntándose si sus ojos lo engañaban.
¿O tal vez era alguien increíblemente parecido, o un gemelo perdido de Leonardo?
Después de todo, ¿qué estaría haciendo Leonardo Rojas peleando en un ring clandestino tan sanguinario?
Ahí la gente terminaba muerta.
Tras observarlo un buen rato y seguir pensando que era idéntico, David le pidió a Emi que lo confirmara.
Al escuchar el nombre de Leonardo, los ojos de Emi se abrieron de par en par.
Cuando Nerea había estado internada en el hospital de Puerto Rosales, Emi pidió una semana de vacaciones solo para ir a acompañarla; por supuesto que conocía toda la situación de Leonardo.
Siendo las mejores amigas desde hacía tantos años, Emi podía ver a través de las sonrisas forzadas de Nerea y percibir la preocupación, el miedo y la inmensa melancolía que guardaba en lo más profundo de su ser.
Emi fijó la vista en el hombre del cuadrilátero.
Aquellos rasgos familiares... ¡Si no era Leonardo, entonces quién!
Leonardo fue derribado al suelo por su oponente, y una avalancha de golpes comenzó a llover sobre él.
Se encogió como un camarón en el piso, cubriéndose la cabeza con ambas manos.
La mayoría del público había apostado por el contrincante. Al ver a Leonardo tirado, incapaz de defenderse, creyeron que la victoria estaba asegurada.
Se pusieron de pie, eufóricos, más alterados que si les hubieran inyectado adrenalina. Con expresiones demenciales, comenzaron a arrojar dinero hacia el ring.
—¡Pégale! ¡Mátalo de una vez!
—¡Dale más duro!
—¡¿Acaso no comiste, idiota?! ¡No le sacas ni una gota de sangre! ¡Quiero ver sangre, golpéalo con ganas!
...
Emi se levantó de su asiento, nerviosa, con las manos entrelazadas y los nudillos blancos. Sus ojos reflejaban pura angustia.
—¿Qué pasa, abogada González? ¿Apostó por ese chico?
Emi negó con la cabeza: —¡Es un amigo mío!
Al escucharla, David confirmó que no se había equivocado. Preguntó sorprendido: —¿De verdad es el señor Rojas? ¿Por qué se metió a pelear en este lugar?
Industrias Rojas no había ido a la quiebra, ¿verdad?
¿O acaso estaba buscando "nuevas experiencias"?


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio