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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 798

Más rápido y con menos complicaciones.

Gael Carballo lo aprobó en cuestión de segundos.

Antes de arrancar el vehículo para dirigirse a la base aérea militar más cercana, Héctor Omar le preguntó a Nerea: —Cuñada, ¿Sofi también va?

Al escuchar eso, aunque Sofi no sabía a dónde iban, rápidamente se aferró al abrigo de Nerea y suplicó: —Mamá, llévame contigo, por favor. Sofi se portará muy bien y hará caso, no me dejes, ¿sí?

Nerea tenía toda la intención de llevarla. Estar en territorio de Latinoamérica era relativamente seguro, así que no habría problema.

Le acarició la cabeza con dulzura. —Mamá llevará a Sofi, jamás te dejaría atrás.

Al escuchar la confirmación, Héctor Omar pisó el acelerador rumbo a la base aérea.

En el camino, Sofi, acurrucada en los brazos de Nerea, preguntó: —Mamá, ¿a dónde vamos?

—A buscar a tu segundo papá.

Héctor Omar no pudo evitar sentir un poco de envidia hacia Leonardo. Tenía a una esposa capaz, hermosa, y ahora además contaba con la bendición de una niña tan dulce y tierna.

Su vida era perfecta.

Sofi, con un poco de preocupación, murmuró: —Mamá, ¿yo le voy a gustar a papá?

—Eres su hija, ¿cómo no vas a gustarle? Además, mi pequeña es tan inteligente, no hay nadie a quien no le agrades.

—Pero...

—Si a alguien no le gustas, seguramente es porque tiene problemas de la vista, ¿entendido?

Sofi asintió, medio entendiendo. —Mamá, ¿y papá ve bien?

Héctor Omar se echó a reír. —Tu papá tiene una vista perfecta, podría dar en el blanco con los ojos cerrados. Además, si no viera bien, jamás habría encontrado a una esposa tan increíble como tu mamá.

—¡Ah, claro! —Sofi entrecerró los ojos con una sonrisa brillante—. Señor Omar, usted es muy listo.

Llegaron a la base aérea.

El avión ya estaba listo. Tras verificar las identificaciones sin contratiempos, los tres subieron a bordo.

Considerando que la pequeña estaba a bordo, el piloto manejó el avión militar con extrema suavidad, sin que se sintiera la menor turbulencia.

Héctor Omar, sentado junto al piloto, le comentó: —Amigo, ¿acaso crees que estás pilotando un vuelo comercial?

El piloto señaló hacia atrás con el pulgar. —Hermano, tu hija está aquí. Es solo una criaturita. Tenía miedo de ir muy rápido y que se mareara. ¡Qué padre tan irresponsable eres!

El malentendido era grande.

Héctor Omar se apresuró a explicar: —¿Quién dijo que soy su papá? Soy su tío postizo. Su padre es otra persona.

—Ah, oh, perdón. Pensé que eran una familia.

—¿Acaso necesitas lentes? ¿De verdad me veo como si fuera digno de mi cuñada?

El piloto le echó un vistazo rápido y negó con la cabeza. —No, no lo eres. Ya me parecía extraño. Era como ver una hermosa flor plantada en un charco de lodo, pensé que el cielo se había vuelto loco.

Héctor Omar hizo el ademán de golpearlo y el piloto se quejó entre risas: —¡Oye, oye, no interfieras con mi trabajo!

Unas horas después, el avión militar aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Rosarito...

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