El avión militar tocó tierra en Rosarito.
La temperatura allí era mucho más alta que en el norte. Durante el día oscilaba entre los 15 y 20 grados, algo parecido al otoño del norte.
Nerea y su grupo seguían usando ropa térmica y abrigos gruesos, por lo que apenas daban unos pasos, comenzaban a sudar.
Todo lo que habían empacado en las maletas era ropa de invierno.
Héctor Omar se comunicó con el responsable del aeropuerto y se enteró de que al vuelo de Leonardo aún le faltaba poco más de una hora para aterrizar.
Así que Nerea tomó la iniciativa de comprar tres cambios de ropa en las tiendas del aeropuerto.
Sofi se puso un precioso vestido estilo princesa. Nerea lo complementó con un bolsito de perlas, le peinó nuevamente el cabello recogiéndolo y le puso una pequeña tiara.
Sofi se parecía mucho a su madre, tenía un rostro afinado y, aunque era muy pequeña, ya se notaba que sus facciones serían espectaculares. Su piel, radiante y suave, tenía un ligero tono rosado.
Arreglada de esa manera, lucía tan encantadora que derretiría el corazón de cualquiera.
Héctor Omar se quitó el uniforme militar y se puso una camiseta larga negra, una chaqueta de cuero, pantalones tipo cargo y sus botas de combate, combinando con su corte al ras.
Ese aire masculino, rudo y un poco salvaje lo hacía destacar entre todos los pasajeros, atrayendo más de una mirada.
Solo de pensar que estaba a punto de ver a Leonardo, Nerea sentía una mezcla de emoción arrolladora y la inquietud de lo desconocido.
Escogió con esmero un vestido rojo de diseño elegante y un abrigo negro clásico para hacer contraste.
Luego, eligió rápidamente un collar con pequeños brillantes, aretes a juego y un par de tacones.
La ropa y los accesorios eran perfectos, pero las ojeras que enmarcaban sus ojos delataban el cansancio y la ansiedad. Se veía demacrada, sin mucha energía.
Nerea frunció los labios con cierta insatisfacción.
La empleada de la boutique, muy atenta, notó su preocupación y le sugirió: —Señorita, si no lleva prisa, puede pasar a la sección de maquillaje.
—¿Un maquillaje ligero podrá cubrir esto? —preguntó Nerea, señalando las sombras bajo sus ojos.
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