El oficial Valadez estaba empeñado en llevarse a Leonardo Rojas y a Nerea Galarza a la comisaría.
Si ellos se iban, quién sabía lo que la familia Quiles le haría a Patricia; los dos guardaespaldas restantes probablemente no podrían detenerlos.
En ese momento, la habitación del hospital estaba llena de gente, y Nerea no podía sacar descaradamente sus agujas de acupuntura para tratar a Patricia frente a todos.
Mientras el plan de Patricia se venía abajo, era muy probable que Renata Quiles presentara una contrademanda.
El ambiente en el lugar era asfixiante.
Renata enarcó una ceja, incapaz de ocultar su arrogancia, mientras Marisa Peñalosa mantenía el rostro inexpresivo, con el aire calculador de una vieja loba.
Leonardo soltó un bufido frío y le hizo una seña a Héctor Omar con el dedo. —Tus credenciales.
Héctor Omar le entregó de inmediato su identificación.
Leonardo la abrió frente al oficial Valadez. —Mira bien. Aunque pertenecemos a dependencias distintas, conocemos a la perfección el protocolo. Si insistes en hacer las cosas por la fuerza y sin seguir las reglas, no me culpes cuando vaya a tener una larga y tendida charla con tus superiores.
El rango de Héctor Omar no era bajo, pero como dijo Leonardo, pertenecían a jurisdicciones distintas.
Además, estaban en Rosarito, y bien decían que hasta el más poderoso debe cuidarse de los caciques locales.
Por si fuera poco, esa identificación ni siquiera era de Leonardo.
—Oficial Valadez, este hombre no es más que el guardaespaldas de mi hija —intervino Marisa, recordándole al policía que a quien iba a arrestar no era a alguien del gobierno federal.
Valadez lo sabía perfectamente, así que sonrió con burla. —¿Y qué si es del gobierno? La ley es igual para todos, sin importar quién seas. ¿Acaso creen que pueden intimidarme para que me haga de la vista gorda? ¡Imposible! Ni lo sueñen.
Con una expresión de rectitud inquebrantable, Valadez sacó las esposas de su cinturón.
—Ustedes dos, cooperen y no hagan las cosas más difíciles. Si la investigación demuestra que son inocentes, saldrán libres. No tienen de qué preocuparse.

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