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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 818

Al mismo tiempo, Arturo Valadez fue sometido por Leonardo, cayendo de rodillas al suelo.

Justo en ese instante, el celular del oficial Valadez sonó. Era su superior.

Con gesto amable, Leonardo le hizo el favor de contestar la llamada y ponerla en altavoz.

—¡Arturo Valadez! ¿Con quién diablos te metiste? ¡El jefe de policía me acaba de llamar para darme la regañiza de mi vida! ¡Trae a esa tal Marisa Peñalosa a la comisaría de inmediato para ser investigada!

—¿Qué? —no solo Valadez estaba atónito; Marisa también abrió los ojos de par en par, llena de incredulidad.

Miró a Nerea con una expresión indescifrable. Recordando las dos llamadas consecutivas que la chica acababa de hacer, se dio cuenta de que se habían topado con pared.

Renata, temblando ligeramente, tiró de la manga de la blusa de su madre. —Mamá...

Marisa, siendo una loba de mar, tenía un temple de acero. —No pasa nada —la consoló con frialdad.

Mientras tanto, los gritos del superior de Valadez seguían resonando por el altavoz:

—¡Te ordené que trajeras a Marisa a la comisaría! Y tú... aceptar sobornos, saltarte los protocolos... ¡Vete arrastrando a la oficina porque tú también estás bajo investigación!

*Bip, bip, bip...*

La llamada fue cortada sin piedad. El oficial Valadez se quedó pasmado, todavía aturdido por los gritos.

El rostro de Marisa se ensombreció, mientras que Renata le lanzó una mirada llena de odio a Patricia, quien seguía acostada en la cama.

En ese momento, la habitación del hospital quedó sumida en un silencio sepulcral. Se habría podido escuchar la caída de un alfiler.

Nerea, con una sonrisa en los labios, preguntó: —Oficial Valadez, ¿cierto? ¿Escuchó a su jefe? ¿Todavía quiere llevarnos a la comisaría para investigarnos?

Por supuesto que Valadez ya no se atrevía. Se apresuró a pedir perdón: —Lo siento mucho, señorita Galarza. Todo esto ha sido un gran malentendido. Le ruego que tenga un corazón noble y no nos guarde rencor.

Cuando Valadez y su compañero se llevaron a Marisa, a Renata y al médico comprado, Nerea los detuvo un segundo. Con total calma, les pagó el triple de la compensación médica por los golpes recibidos, asegurándose de que los policías no presentaran cargos.

Justo cuando Marisa y su hija eran escoltadas fuera del lugar, los paparazzis que Patricia había contratado comenzaron a tomarles fotos a escondidas...

Una vez que la policía se marchó, Nerea le aplicó un rápido tratamiento de acupresión a Patricia.

La mujer despertó poco a poco.

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