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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 822

—Buaaa, papi...

—Papi te va a cantar una canción, mi pequeña.

Nerea, que al final no pudo quedarse tranquila, se apoyó la mano en la cadera adolorida y caminó hasta la puerta, justo a tiempo para escuchar a Leonardo cantar.

Aunque desafinaba en bastantes notas, su voz era tan dulce y reconfortante que compensaba cualquier error.

Nerea se recargó en el marco de la puerta, mirándolo con ojos llenos de amor y escuchándolo cantar en silencio.

Sofi finalmente dejó de llorar y volvió a quedarse profundamente dormida.

Cuando comprobó que ya descansaba tranquila, Leonardo la acostó con cuidado en la cama y la arropó bien.

Luego, se acercó a Nerea. —¿No estabas agotada?

—Pues sí, ya ni siquiera puedo caminar, vas a tener que cargarme —bromeó Nerea, recargándose con pereza contra la puerta y levantando ligeramente la barbilla para mirarlo.

Sus ojos estaban rosados, seductores y bellísimos. Y sobre la piel radiante y delicada de su cuello, se distinguía un mar de marcas rojas que él le había dejado.

A Leonardo le dio un vuelco el corazón. La quería de nuevo.

Se inclinó y la levantó en brazos.

Nerea soltó un bostezo acurrucada contra el pecho de Leonardo, mientras sus largas pestañas revoloteaban lentamente como alas de mariposa negra.

Al notar que estaba verdaderamente rendida, Leonardo la acostó sobre la cama con extrema delicadeza, le acomodó las sábanas y dejó que durmiera.

Luego se metió al baño a darse una ducha con agua helada.

Cuando salió, Nerea ya estaba profundamente dormida.

Leonardo fue a la habitación de al lado para echarle otro vistazo a Sofi; la volvió a arropar, ya que se había destapado, y bajó la temperatura del aire acondicionado un grado.

Regresó de puntillas a la habitación, levantó las sábanas, se metió en la cama y abrazó a Nerea.

Ella se acomodó instintivamente contra su pecho, buscando una postura cómoda para dormir.

Pero ese simple roce fue suficiente para que el corazón de Leonardo volviera a acelerarse, y le tomó un buen rato lograr calmarse.

...

A la mañana siguiente.

—¡Mami, papi!

La voz de Sofi resonó desde afuera.

Temiendo que despertara a Nerea, Leonardo se levantó de un salto, se vistió en silencio y salió rápidamente de la habitación.

Al verlo, a Sofi se le iluminaron los ojos. —¡Papi!

Leonardo se llevó un dedo a los labios. —Mami está muy cansada y necesita descansar. Tenemos que hablar bajito.

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