Cuando Kevin Rojas recibió la llamada inesperada de Nerea el día anterior, se había emocionado muchísimo.
Creyó por un instante que ella había cambiado de opinión y que le estaba llamando para darle una oportunidad.
Sin embargo, el motivo de la llamada fue su hermano. La voz de Nerea vibraba de emoción; a través del teléfono se notaba lo feliz que estaba por haberlo encontrado.
En ese momento, Kevin entendió que había perdido para siempre. De ahora en adelante, solo podría llamarla «cuñada».
Pero lo que Nerea le contó a continuación volvió a encender una chispa de esperanza en su corazón.
¡Su hermano había perdido la memoria!
No recordaba nada de su pasado, ni a las personas, ni los eventos.
Por un brevísimo segundo, sus ilusiones renacieron. Pensó que tal vez podría tener una oportunidad para competir justamente por el amor de Nerea.
Incluso se le cruzó por la mente abrir una botella de champán para celebrar.
Pero Nerea destruyó esa esperanza con su siguiente frase: lo único que Leonardo recordaba era a ella.
No recordaba a su anciana abuela, ni a su adorable sobrino, ni al hermano menor que quería robarle a la novia.
Solo recordaba a Nerea.
Fue entonces cuando Kevin comprendió el verdadero propósito de la llamada de Nerea.
Primero, informarle del estado de su hermano.
Segundo, dejarle claro que no tenía ninguna oportunidad y que debía olvidarse de ella por completo.
Perdió la memoria y aun así sigue siendo tan celoso... eso es otro nivel.
Kevin sacudió la cabeza con una sonrisa amarga y respondió por teléfono:
—Hermano, tranquilo. Ya no tengo ninguna intención con la cuñada. Solo quería asegurarme de que no fuera una estafa. Como no sabía en qué estado estabas, era lógico que se lo preguntara a ella.
Antes de colgar, Kevin recordó algo importante y añadió:
—Por cierto, acabo de llegar al país hoy. En un rato voy a recoger a la abuela de la capilla en la montaña, y mañana iremos a Rosarito a verte.
Leonardo había leído en su expediente sobre su situación familiar. Actualmente, su familia se reducía a su abuela, su hermano y un pequeño sobrino.
Su abuela se había retirado a meditar en una capilla en plena montaña, en medio del duro invierno, solo para rezar por su bienestar.
Durante todo el tiempo que estuvo desaparecido y sin recuerdos, su familia había estado consumiéndose por la angustia.
—Gracias por el esfuerzo. Conduce con cuidado.
Kevin sonrió desde el otro lado.
—Nos vemos mañana, hermano.
La expresión de Leonardo se suavizó por completo.

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