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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 845

Al ver a Cristian Vega, Doña Teresa se apresuró a explicar: "Nere, por favor, no te ofendas. La corporación tiene un nuevo proyecto y colaboramos con él. Como justo estaba en Rosarito, hubiera sido una falta de cortesía no invitarlo".

Nerea sabía por qué se lo decía.

El escándalo de su ruptura con Cristian Vega se había viralizado en internet. Aunque Rosarito y Puerto San Martín estaban a cientos de kilómetros de distancia, con la tecnología de hoy, esa distancia no era nada.

Mucha gente de la alta sociedad de Rosarito estaba enterada del chisme.

Así fue como la familia Maldonado se enteró de que su exesposo era Cristian y de que le había sido infiel.

Recordaba que Doña Teresa la había llamado en ese entonces, no para hacer preguntas morbosas, sino simplemente para ofrecerle apoyo.

Si ella lo necesitaba, la familia Maldonado la respaldaría.

Pero para entonces, Nerea ya había expuesto públicamente a Cristian y a su amante, arruinando sus reputaciones y haciéndolos pagar. Así que había declinado la ayuda.

Nerea agradecía profundamente que Doña Teresa tuviera en cuenta sus sentimientos.

Negó con la cabeza y le dedicó una sonrisa. "No se preocupe, Doña Teresa. Ya no le guardo rencor, de hecho, hemos hecho las paces".

Doña Teresa suspiró aliviada. "Qué bueno, me quitas un peso de encima".

Mientras hablaban, Sergio Maldonado y Cristian Vega se acercaron.

Todos se saludaron. Nerea le presentó formalmente a Leonardo Rojas y a Sofi a don Sergio.

"Don Sergio, un gusto".

Leonardo sostenía a Sofi con el brazo izquierdo y extendió la mano derecha. Lucía relajado, con una postura imponente.

Sergio le estrechó la mano con admiración. "¡Qué envidia la vitalidad de la juventud!".

Luego miró a la pequeña y bromeó: "Hola, Sofi, dime abuelo".

"Hola, abuelo", respondió Sofi con una gran sonrisa.

Don Sergio se rio, se quitó una pulsera de cuentas de madera fina que llevaba usando por años y se la entregó a la niña.

Sofi tomó la pulsera y se la enseñó a Nerea. "Mami, mira lo que me regaló el abuelo".

Nerea le acarició la cabeza. "Entonces, dale las gracias".

Sofi buscó en su bolsillito, sacó un dulce y se lo tendió. "Abuelo, esto es para usted. Si come un dulce, la vida será dulce y no tendrá preocupaciones".

Al ver esto, Doña Elena se dio cuenta de que aún no le había dado ningún regalo.

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