Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 887

La situación actual de Marisa era extremadamente precaria. Necesitaba con urgencia un aliado externo de peso para asegurar su posición dentro de la junta directiva de su propia empresa.

Todos en el mundo empresarial eran lobos disfrazados de ovejas.

Cualquier movimiento en el mercado llegaba rápidamente a oídos de los más poderosos, así que los Valente debían estar al tanto de la crisis que ella enfrentaba.

Marisa estaba convencida de que el hecho de que Ricardo no contestara, y Fernando rechazara la reunión con excusas baratas, era solo una táctica clásica de negociación.

Creía que los Valente lo hacían a propósito para quitarle el poder en la mesa de acuerdos y forzarla a ceder una mayor tajada de las ganancias.

No se le pasó por la cabeza que de verdad los Valente simplemente la detestaban.

Bajo esa lógica retorcida, Marisa sentía que tenía la situación bajo control. Siendo ella la parte desesperada, ceder un poco más de porcentaje no sería el fin del mundo.

En la entrada de la propiedad, el guardia de seguridad se comunicó con el mayordomo, quien de inmediato fue a buscar a los dueños de la casa.

—¿Todavía sigue ahí afuera? —preguntó Elena, sorprendida por el descaro.

El mayordomo asintió.

—Sí, señora. Y ahora la señora Peñalosa está pidiendo permiso para entrar a usar el baño. ¿Qué debo decirle?

Elena frunció los labios, sintiéndose acorralada por las normas de etiqueta.

En la alta sociedad, cuidar las formas y el 'qué dirán' era sagrado.

A menos que fueran enemigos jurados de sangre, siempre se mantenía una fachada de cortesía básica. Negarle el baño a alguien de su mismo círculo podría hacer que la familia Valente quedara como mezquina y grosera si el chisme se esparcía.

Pero si la dejaban entrar, corrían el riesgo de que Marisa los viera a todos reunidos, destruyendo la mentira de que no estaban en casa.

—No te preocupes por eso, nosotros estamos en el jardín trasero, no tiene por qué vernos —intervino Ricardo con calma.

Mauricio, acomodándose en su silla con desinterés, añadió:

—Y si por alguna casualidad nos ve, ¿qué importa? Nosotros no vamos a pasar vergüenza, la que va a quedar como una ridícula rogona es ella.

Elena le dio la razón y asintió hacia el mayordomo.

—De acuerdo, dile que puede pasar a usar el baño.

...

Marisa fue escoltada por una empleada al interior de la inmensa mansión.

Al salir del baño, Marisa, con su mejor tono de amabilidad condescendiente, le dijo a la empleada que no se molestara en acompañarla, que ella conocía la salida.

La empleada la dejó cerca del pasillo principal y se fue a continuar con sus labores.

Mientras Marisa caminaba sola hacia la puerta de salida, escuchó ladridos alegres cerca de ahí.

Un perrito pequeño y peludo pasó corriendo frente a ella, seguido de cerca por dos niños que reían a carcajadas.

Capítulo 887 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio