Para su sorpresa, Emilio no cayó en la trampa. Con un resoplido arrogante, cruzó los brazos.
—¿Y por qué tendría que llevarte con ellos? Ni siquiera eres una invitada. ¡Ah, ya sé! ¡Eres una ladrona que se coló para robar!
Marisa Peñalosa frunció el ceño, molesta.
—¿Qué tonterías dices, niño? No soy ninguna ladrona.
—Si lo eres o no, no lo decides tú.
—Ja —Marisa soltó una carcajada seca, intentando usar sus propias palabras en su contra—. Ya lo entiendo, tienen miedo. Tienen miedo de que descubra sus mentiras. No me esperaba que, a tu corta edad, fueras tan mentiroso.
Sofi, molesta, se puso frente a Emilio para defenderlo.
—¡Mi hermano no es un mentiroso!
—Entonces, ¿por qué no se atreven a llevarme con los dueños de la casa para aclarar esto?
—¡Pues vamos! —exclamó Sofi, hinchando las mejillas. Tomó a Emilio de la mano—. Vamos, hermano. Busquemos a mis abuelitos para que atrapen a esta ladrona y la metan a la cárcel.
Unos minutos después, en el jardín trasero de la familia Valente.
Toda la familia Valente estaba reunida, y Nerea Galarza también estaba con ellos.
¡Con razón Ricardo Valente no contestaba el teléfono y Fernando había rechazado la propuesta de inmediato!
¡Era evidente que Nerea estaba detrás de todo esto, metiendo sus narices!
Pero, ¿cómo demonios había logrado ganarse el favor de la familia Valente hasta el punto de que todos estuvieran allí haciéndole compañía?
En Rosarito, todo el mundo sabía que los hijos de los Valente eran hombres de negocios sumamente exitosos y ocupados.
El mayor, Fernando, se la pasaba volando por todo el mundo; prácticamente vivía en los aviones.
El segundo, Fabrizio, siempre estaba viajando en busca de inspiración para sus pinturas o inaugurando exposiciones.
Y el menor, Mauricio, se la pasaba en los sets de grabación o participando en programas de televisión.
Reunir a los tres al mismo tiempo era una hazaña casi imposible. Y sin embargo, ahí estaban todos.
Apenas vio a Nerea, Sofi corrió hacia ella y se escondió en sus brazos, llorando.
—¡Mami! ¡Esa mujer mala dijo que esta no es mi casa y le dijo mentiroso a mi hermano! ¡Es mala!
Nerea acarició suavemente la espalda de la niña para calmarla.


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