Los invitados en el salón comprendieron de inmediato que había llegado el momento de presentar a Nerea.
Todas las miradas convergieron en ella.
Había asombro, curiosidad, envidia y, por supuesto, una que otra mirada de hostilidad encubierta.
Leonardo Rojas estaba de pie entre el público, contemplando a la deslumbrante Nerea con una devoción infinita en sus ojos.
¡Esa mujer espectacular era suya!
Don Ricardo sonrió y anunció otra gran noticia: la familia Valente iba a reconocer a Nerea Galarza como su ahijada oficial.
Al escuchar la palabra 'ahijada', un murmullo de sorpresa recorrió el salón.
—¿Nerea Galarza? ¿No es la misma Nerea que estaba en el cumpleaños del señor Maldonado?
—Con razón me parecía conocida desde hace rato, sentía que la había visto en algún lado. ¡Es Nerea Galarza! Hay que admitir que, bien arreglada, es una mujer impactante.
—¿Pero qué está pasando? ¿La hija de Nerea es la nieta biológica de los Valente, pero ella no es la hija biológica, sino solo una ahijada?
A excepción de los aliados más cercanos de la familia Valente que conocían la verdad, el resto de los invitados estaba perdido, pero los Valente no tenían ninguna intención de dar explicaciones.
Mientras los asistentes seguían murmurando, Leonardo ya caminaba hacia Nerea.
Llevaba un traje oscuro de alta costura a la medida. Con su metro noventa de estatura, su porte firme y ese aire inalcanzable y único, robaba suspiros.
Le extendió la mano a Nerea y le dijo: —Hermosa señorita, ¿me concede esta pieza?
Nerea sonrió y depositó su mano en la de él.
Los demás invitados los miraron y no pudieron evitar comentar.
—Hacen una pareja de revista, nacieron el uno para el otro.
—A los Valente se les apareció la virgen al adoptar a una ahijada así.
Nerea se había dejado ver en el evento de Sergio Maldonado, por lo que la gran mayoría de la alta sociedad de Rosarito ya la ubicaba.
Sin embargo, siempre había quienes no estaban al tanto de los chismes.
Alguien preguntó confundido: —¿Por qué lo dicen?

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