El Banquete de Reconocimiento de los Valente fue un evento majestuoso y espectacular, al que asistió prácticamente toda la alta sociedad y la élite de Rosarito.
El lugar estaba repleto de invitados y el ambiente era inmejorable.
Doña Elena Valente contrató a estilistas profesionales y se encargó personalmente de supervisar el arreglo de Sofía Vargas y Nerea Galarza.
Los vestidos que ambas lucían costaban una fortuna.
Nerea intentó rechazar tanto lujo, al fin y al cabo, la protagonista de la noche debía ser Sofi.
Sin embargo, Doña Elena insistió tanto que Nerea no tuvo corazón para negarse a sus buenas intenciones.
Llevaba un vestido plateado incrustado con pequeños diamantes de imitación, y entró al gran salón sosteniendo la mano de Sofi.
Sofi, por su parte, llevaba un vestido de princesa de la misma paleta de colores, también adornado con destellos brillantes.
En un instante, todas las miradas se centraron en ellas.
Nerea tenía una figura envidiable y alta; el vestido de alta costura delineaba perfectamente su diminuta cintura, con un corte de sirena elegante y sumamente femenino.
Los diamantes esparcidos por la tela plateada, bajo la luz de los candelabros de cristal, reflejaban un brillo deslumbrante, como si fueran las escamas de una sirena.
Y Sofi, con su vestido de princesa, se veía aún más dulce y adorable, fresca como un helado en pleno verano.
Madre e hija, una con un aura inalcanzable y la otra irradiando ternura, dejaron a todo el salón sin aliento.
Los invitados comenzaron a murmurar entre ellos.
—¿Esa es la hija que la familia Valente acaba de recuperar? Hay que admitirlo, tiene toda la presencia de una heredera de la alta sociedad. Nadie creería que creció en la calle. Es segura de sí misma, elegante y no se intimida para nada. Es una joya rara.
—Digna de ser una Valente, heredó toda la belleza de su madre. Es preciosa.
—Hermosa sí es, pero ¿qué onda con la niña pequeña? ¿Ya está casada y con hijos?
—¿Y los Valente aceptaron que trajera a su hija? Si no fuera por esa carga, los pretendientes harían fila hasta Francia.
—Viendo el despliegue de hoy, es obvio que la familia Valente adora a esa muchacha. Incluso con esa carga a cuestas, los hombres que quieran casarse con ella seguirán haciendo fila hasta Francia.
Al ver a Nerea, los magnates de Rosarito comenzaron a evaluarla con ojos calculadores y no tardaron en darles instrucciones en voz baja a los jóvenes de sus familias.

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