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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 940

Leonardo mira a Chávez. "Chávez, ¿qué clase de pasatiempo es ese de escuchar a escondidas palabras de amor?"

Chávez pone los ojos en blanco. "Capitán Rojas, ¿a eso le llamas palabras de amor? Además, ni siquiera hemos brindado."

Leonardo voltea su copa. "Hablo en serio, no voy a tomar más. A Nerea le molestan los borrachos. Si me paso de copas, me dejará durmiendo en el sofá. Me costó mucho conseguir a la mujer de mi vida, compréndeme."

"Soy soltero, ¿cómo quieres que te comprenda?"

"Ve a brindar con Mijares. Él ya no está intentando tener hijos, pero yo apenas voy a empezar a buscar."

Al escuchar esto, Mijares lo mira incrédulo: "¿No acababas de decir que no querías hijos para no hacer sufrir a tu esposa?"

"No quiero que sufra, pero ¿y si resulta que a ella le encantan los niños? No puedo quitarle el derecho de ser madre. Así que debo estar preparado en todo momento."

La cara de Mijares se ensombrece; Leonardo lo había dejado sin argumentos, y para colmo, había hecho llorar a su esposa Lola.

"¡Leonardo, eres un maldito cínico!"

Al ver que había una fila de compañeros esperando para brindar, Leonardo se rinde, se sirve una copa y se levanta para dirigirse a todos:

"Hermanos, este año no voy a seguirles el ritmo. Entiéndanme: fui soltero toda la vida y al fin encontré a una mujer espectacular y capaz. Obviamente, mi esposa es mi prioridad. Si a ella no le gusta algo, no lo hago. Así que esta ronda va por ustedes. ¡Yo me la tomo de un trago, pero ustedes a su ritmo! ¡Coman, beban y diviértanse!"

Leonardo se toma el trago de golpe y el grupo se dispersa.

Al sentarse, Nerea lo mira de reojo. "¿Cuándo dije yo que no me gustaba que tomaras?"

Leonardo pasa el brazo por el respaldo de la silla de Nerea, en un gesto instintivo de protección y posesión. Se inclina y le susurra al oído:

"Soy yo el que no quiere. Si me emborracho, ¿cómo vamos a hacer ejercicio más tarde? Amor, reservé una habitación con cama de agua y jacuzzi privado."

El evento anual se celebraba en la Finca La Alborada, que contaba con huertos, pesca, caballerizas y aguas termales...

El cálido aliento del hombre roza su oído. A Nerea le sube el calor a las mejillas y su corazón empieza a latir a mil por hora.

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