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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 942

Lola ya le había extendido la muñeca.

Nerea sonrió y le colocó los dedos suavemente. "Con el pulso no se puede saber el sexo, pero sí puedo decirte cómo está tu salud."

"Oh, ya veo. ¿Y qué tal estoy?"

"Mijares te cuida excelente. Tu energía vital está fuerte y el embarazo va por muy buen camino."

...

Después del almuerzo, Nerea le contó a Leonardo sobre el 'feliz problema' de Lola para que hablara con Mijares y le diera un toque de atención.

Aunque se pueden mantener relaciones durante el embarazo, hay que tener cuidado de no agotar a la futura madre.

Por la tarde, Nerea y Leonardo se despidieron de la Finca La Alborada.

Habían acordado que, aprovechando la época navideña, visitarían a las familias de los compañeros caídos que les faltaban.

Tras el caso de Sofía Vargas, el Alto Mando Militar había puesto especial atención en el bienestar de las familias de los soldados fallecidos. Seguramente ya no habría abusos, pero querían verlo con sus propios ojos para quedarse tranquilos.

Viajaron de norte a sur, recorriendo todo el país.

Las familias los recibieron con los brazos abiertos. Lejos de estar sumidos en la tragedia, los reconfortaron diciendo que el sacrificio de sus hijos por el país era su mayor medalla.

Mataron cerdos y ovejas para agasajarlos, y al despedirse, les llenaron el auto de delicias locales, pidiéndoles que volvieran pronto.

Nerea les dejó su número, prometiendo que, sin importar la distancia, acudirían a ayudarlos ante cualquier emergencia.

Sin embargo, las fricciones y las indirectas venenosas no paraban.

Justo cuando Nerea y Leonardo llegaron, vieron a la tía política de Mateo, Chela, parada con las manos en la cintura, señalando y gritándole al abuelo desde la cerca:

"¡Viejo decrépito! No te hagas la víctima. ¿Con qué ojos viste que yo tiré veneno para ratas en tu gallinero?"

Chela era una mujer corpulenta y de rostro amargado. Escupía las palabras con rabia: "¡Seguro se te murieron por una peste y quieres que yo te las pague! ¡Qué descaro! Tienes una obsesión enfermiza con el dinero."

"Mateo te mandó un dineral, y ahora lo tienes todo escondido. ¿Acaso te lo vas a llevar a la tumba? ¡Viejo tacaño!"

Don Hipólito, incapaz de seguirle el ritmo a la discusión, solo suspiró. "Déjalo así, Chela. No voy a pelear contigo. Dios todo lo ve, y a la gente como tú tarde o temprano le llega su castigo."

"¡Púdrete!" Chela escupió hacia el patio del abuelo y chilló: "¡Si Dios va a castigar a alguien, será a ti por viejo inútil! Te quedaste con toda la herencia de Mateo. Cuidado, no te vayas a atragantar con tanta plata. Cuando te mueras, nadie va a ir a recoger tu cuerpo."

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