Imaginó que a la chica le encantarían.
«Felices fiestas, Sofía. Estos son unos dulces típicos de Rosarito, espero que te gusten.»
«Gracias, señora.» Sofía tomó la caja con confianza. «Estoy segura de que me encantarán.»
«Regresa a casa con cuidado.»
«Sí.» Sofía asintió con una enorme sonrisa. «¡Les deseo felices fiestas a los dos! ¡Que todos sus deseos se cumplan!»
Leo asintió. «¡Felices fiestas!»
Sofía miró a Ulises y agitó la mano. «Me voy. Felices fiestas, Ulises, nos vemos al volver a clases.»
Tras recibir su maleta de manos de Leo, la chica entró al edificio.
Nerea y Leo regresaron al auto y se dirigieron a la casa de la familia Galarza.
«Álvaro, ¿ya está listo esto?» Emilia miraba la comida en la olla con ojitos brillantes de pura gula.
Como cada año, ella pasaba las fiestas con ellos; era algo a lo que ella y la familia Galarza ya estaban acostumbrados.
Álvaro la miró divertido. «¿Acaso volviste a saltarte el desayuno de nuevo?»
«Jeje, a usted no se le escapa nada.»
Emilia había dormido hasta tarde, comido cualquier cosa rápido y salido con sus compras de fin de año directo a la casa de los Galarza.
Álvaro y Jaime estaban encargados de la cocina, mientras que ella y Estefanía se encargaban de colocar los adornos, las luces y los carteles de buenos deseos.
Este año, Martina se les había sumado.
Álvaro le sirvió un plato de chicharrones crujientes recién hechos con un aderezo picante y luego sirvió tres platos de un sustancioso estofado casero.
Uno para Emilia, otro para Martina y el último para Estefanía.
Cuando Nerea y Leo llegaron, la casa rebosaba de un ambiente festivo y el delicioso aroma a comida lo inundaba todo. En ese instante, la calidez de un hogar se materializó ante ellos.
Después de cenar, Leo y Jaime recogieron la cocina juntos.
Mientras Jaime metía los platos al lavavajillas, dijo: «Leo, mi hermana queda en tus manos. No puedes lastimar a mi hermana.»
Leo limpió la encimera. «A mi mujer la quiero para adorarla, no para maltratarla.»
Jaime programó el ciclo de lavado, se enderezó y lo miró fijamente. «Leo, ¿tienes buena memoria?»
«Muy buena.»
«Entonces espero que recuerdes lo que acabas de decir por el resto de tu vida. ¡Ama siempre a mi hermana!»
«Pierde cuidado. Grabaré el amor por tu hermana en mi mente y en mis huesos. Podré olvidarme de cualquier persona en este mundo, pero jamás de ella.»
La intención inicial de Jaime era darle una advertencia, pero al escuchar las respuestas de Leo, sintió ganas de sacar su celular y anotar esas palabras en sus notas.
Todo sonaba con tanto sentido y con tanto estilo que parecía sacado de una película.

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