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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 969

Ulises ocultó sus emociones rápidamente. «Sofía, si me sigues mirando así, tendré que cobrarte.»

Sofía resopló. «Serás guapo, pero tampoco eres una atracción turística de paga. Me asombró porque es como ver un milagro.»

Escuchando la interacción de ambos, Nerea reía a escondidas.

Al final, no pudo aguantarse y se le escapó una carcajada suave.

Al escucharla, Sofía volteó a verla.

Sintiéndose observada, Nerea intentó componer su expresión. «Hola. Soy la mamá de Ulises. ¿Eres su compañera?»

Sofía se agarró de las tiras de su mochila y dio una gran reverencia. «Buenas tardes, señora. Soy su compañera, Sofía.»

Luego, sin perder la sonrisa, agregó: «Señora, tiene muchísima clase.»

«Gracias, tú también tienes una presencia muy linda.»

La sonrisa de Sofía se hizo aún más grande. «Me encanta que me digan que tengo clase, me hace más feliz que cuando me dicen que soy bonita.»

Ulises la miró, lleno de intriga.

Al notar su mirada, Sofía preguntó: «¿Por qué me miras así?»

Ulises negó con la cabeza. Sabía muy bien que decirle a una chica que no era hermosa solo le traería problemas.

Pero, siendo honestos, Sofía no era despampanante, a lo sumo tenía un rostro simpático.

Ulises decidió cambiar de tema: «¿Nadie vino a recogerte?»

Sofía sonrió y señaló un letrero. «Tomaré el metro para regresar sola.»

Al escuchar eso, Nerea se ofreció a llevarla.

La chica le parecía encantadora: extrovertida, alegre y con una sonrisa muy contagiosa.

El carácter de Ulises se estaba volviendo cada vez más serio, así que tener amigos vivos y dinámicos a su alrededor le vendría bien; al menos llenaría sus días con un poco más de risas.

Sofía no pudo negarse ante tanta amabilidad y terminó aceptando.

Leo extendió la mano. «Sofía, dame tu maleta también. Yo las llevo.»

«Eres tan inteligente, ¿cómo es que no anticipaste que iba a cometer este error? El Entrenador Guzmán nos dijo que, ante un problema, debemos hacer conexiones y deducir múltiples escenarios.»

«Si no pensé en este escenario, ¡eso significa que no le prestaste atención a las clases del Entrenador Guzmán! Cuando volvamos, le diré que intensifique tus entrenamientos, es evidente que te falta esfuerzo.»

Ulises se quedó callado un instante.

Pero Sofía no paró: «Además, si lo anticipaste y no lo solucionaste, entonces eres un mal compañero y fue tu culpa. Deberías disculparte conmigo.»

Ulises volteó a mirarla lentamente con una expresión de puro desconcierto.

Nerea, que caminaba unos pasos adelante, escuchaba a la chica y tuvo que morderse el labio para no soltar la risa de nuevo.

Leo la miró de reojo. «Ríete si quieres, no vaya a ser que te enfermes de tanto aguantarte.»

...

El auto se detuvo frente al complejo residencial de Sofía.

Nerea escogió una caja de dulces tradicionales de Rosarito, de los que Patricia le había preparado, para regalársela a la joven.

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