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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 976

Tal vez lo de no prestarle atención solo aplicó las dos primeras veces, pero todo el mundo tiene un límite.

Las siguientes veces que Ulises aguantó las provocaciones fueron totalmente intencionales, dejando que el niño pensara que era un cobarde que no diría nada aunque lo molestaran.

Eso hizo que el niño se volviera cada vez más arrogante, hasta llegar al punto de empujar a Ulises.

Aprovechándose de esa mentalidad, Ulises eligió a propósito un elote con un gusano para darle una lección.

Solo que no contaba con que el niño le tuviera tanto pavor a los insectos como para romper a llorar.

—Mamá, ¿lo viste? —preguntó Ulises, mirándola con cierta ansiedad.

—Lo vi —asintió Nerea con una sonrisa—. Y me da mucho gusto ver que ya sabes resolver tus problemas por ti mismo.

Los ojos de Ulises brillaron. —Solo quería hacerle una broma, no sabía que le daban miedo los bichos.

Cristian le palmeó el hombro. —Cosas del destino. No te preocupes por eso.

Ulises asintió.

Terminaron de recolectar sus verduras, se las entregaron al personal y, tras ordenar su comida, se dirigieron a la zona de la laguna.

Era un cuerpo de agua inmenso, del tamaño de varias canchas de fútbol, lleno de restos de lirios. A lo lejos se veían las colinas, y en el agua había peces y patos nadando.

Nerea se sentó en una plataforma de madera a preparar té, mientras Cristian acompañaba a Ulises a pescar.

Habían cavado para sacar lombrices, prepararon el cebo y lanzaron los anzuelos justo cuando el té de Nerea estaba listo.

—Vengan a tomar un poco de té.

Padre e hijo se lavaron las manos en una pileta cercana y se sentaron. Nerea les acercó las tazas.

Luego tomó los tomates cherry recién cosechados y empezó a comérselos.

—¡Ulises!

Nerea se quedó extrañada.

Al girarse, vio que era Sofía Varela.

La joven estaba allí de paseo con sus padres.

El padre de Sofía reaccionó rápido y saludó con una sonrisa: —Hola, joven Ulises. Un gusto saludarla, señora Galarza, señor Vega.

Sofía se sorprendió de que su padre supiera el apellido de la mamá de Ulises. ¿Acaso se conocían?

Justo en ese momento, el niño con el que Ulises había tenido el altercado llegó corriendo.

—Tía, prima, ¿qué hacen aquí? Nosotros estamos por allá.

Ulises miró a Sofía con asombro.

Resultaba que ella era la prima de ese niño.

Ajena al conflicto reciente, Sofía hizo las presentaciones con una sonrisa: —Él es mi primo, Dante. Dante, él es mi compañero Ulises, y sus padres. Saluda.

Sofía no se fijó en la cara de Dante.

Tras esperar unos segundos sin que su primo abriera la boca, notó que algo andaba mal.

—¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?

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