Cristian se enjuagaba las manos. —¿Qué quieres preguntar?
A Fabián le brillaban los ojos de puro chisme, aunque en el fondo guardaba una esperanza. —¿Crees que haya posibilidad de que vuelvan a casarse?
Por supuesto que deseaba que su amigo fuera feliz.
—Imposible. Se va a casar.
—¡¿Qué?! —El grito de asombro de Fabián resonó en el baño.
—¿Por qué te sorprende tanto? —respondió Cristian con tono neutral, secándose las manos—. Con la cantidad de hombres que la pretenden, era cuestión de tiempo que decidiera casarse.
A Fabián se le encogió el corazón, sintiendo lástima por su amigo.
Al ver la cara de aflicción de Fabián, Cristian soltó una carcajada suave. —La que se va a casar es mi exesposa, no la tuya. ¿Tú por qué sufres?
—Sufro por ti. —Fabián encendió un cigarrillo y no habló hasta haber fumado un poco—. Si tan solo hubiera sido mejor con ella en el pasado, si no le hubiera lanzado indirectas, si no te hubiera envenenado la cabeza... Si hubiera sido un poco más listo y no tan idiota, Isabel Echeverría no me habría manipulado a su antojo. Tal vez, solo tal vez, las cosas entre ustedes podrían haberse arreglado.
Todo lo que decía Fabián dependía de un factor: su propia actitud.
Porque odiaba a Nerea, Fabián, que no brillaba por su inteligencia, lo siguió en su desprecio.
Porque era cercano a Isabel, Fabián también se acercó a ella.
En el fondo, la raíz de todos esos errores había sido él.
No era que Fabián fuera tonto; todo lo que hizo fue por lealtad a él.
Si alguien había sido un verdadero idiota, era Cristian.
—Aunque no hubieras hecho nada, no cambiaría la situación. Ella jamás aceptaría a un hombre infiel. Liam tenía razón: yo me ensucié hace mucho tiempo. Ella no tolera la más mínima traición, tiene una pureza emocional y mental inquebrantable. Ya no te atormentes por eso, deja el pasado atrás.
Cristian le dio unas palmadas en el hombro y, de paso, le quitó el cigarrillo de las manos. —Fuma menos.
Fabián no se molestó. Se dio la vuelta para lavarse las manos. —¿Y en qué términos están ahora?
Tras guardar todo en la cajuela, Nerea subió al auto. Cristian se acercó a la ventanilla y le advirtió: —Conduce con cuidado.
Nerea asintió. —Nos vemos. ¡Feliz Año Nuevo!
—¡Feliz Año Nuevo!
—Papá, feliz Año Nuevo. Ya me voy.
Cristian extendió la mano y le acarició la cabeza. —Ayuda a tu mamá a fijarse en el camino y llámame cuando lleguen.
Cuando el auto de Nerea se perdió en la distancia, Fabián se acercó a Cristian con tono fraternal. —Cris, este Año Nuevo te hago compañía.
—Saldré de viaje de negocios en Año Nuevo.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó Fabián, mirándolo con los ojos desorbitados por la incredulidad—. ¡¿Un viaje de negocios en Año Nuevo?! ¡¿Qué empresa no descansa en estas fechas?!
Cristian respondió con total tranquilidad: —Al extranjero.

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