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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 981

La Nochebuena había llegado.

La familia Valente viajó a Puerto San Martín llevando a Sofía Vargas y a Emilio.

Como la villa de los Galarza ya no tenía espacio suficiente para todos, decidieron alojarse en la nueva mansión.

Habían pedido permiso a Martina Santillán para instalarse allí, pues esa casa era el regalo de bodas para ella y Jaime Galarza. Aunque ya estaba decorada, aún no se habían mudado oficialmente.

Según Martina, la llegada de todos serviría perfectamente para calentar la casa con buenas energías.

El ambiente navideño se respiraba en cada rincón de la mansión.

En el jardín, las luces de colores parpadeaban y las decoraciones festivas adornaban el lugar.

Los tres niños jugaban con fuegos artificiales en el patio.

Emilio, siempre protector, le cubría los oídos a Sofi mientras Ulises encendía la mecha.

—Ten cuidado, hermano —le advirtió la pequeña Sofi, un poco asustada.

Emilio la tranquilizó: —No te preocupes, hermanita. La mano de Ulises es de metal. No le entran las balas ni se quema con el fuego. Está a salvo.

—¿De verdad? —Los enormes y brillantes ojos de Sofi se abrieron con asombro—. ¿Eso significa que Ulises es un robot?

—No, es de carne y hueso como nosotros, solo que su mano es robótica.

Justo entonces, el fuego artificial se encendió.

Con un crujido chispeante, la pirotecnia estalló en un hermoso abanico de luces que simulaba la cola de un pavo real.

—¡Wow! —Sofi quedó maravillada, con los ojos llenos de luz, aplaudiendo y gritando de emoción—. ¡Qué hermoso! ¡Eres genial, Ulises!

Cuando terminaron con los fuegos artificiales, Ulises sacó los regalos que había preparado.

A Emilio le entregó una pistola de juguete, pero su peso y textura la hacían sentir increíblemente real.

Emilio se acercó a mirar.

Su rostro se desencajó de la impresión.

—¡¿Le regalaste un casquillo de bala vacío como collar?!

Emilio no daba crédito. ¿A qué niña le gustaría algo así?

Y lo peor era que, según le había contado su tío, poseer o modificar casquillos de bala sin autorización era ilegal.

Ulises explicó: —Lo sé. No se puede poseer ni manipular munición vacía así como así. Le pedí permiso al instructor, e hicieron una excepción oficial para que pudiera hacerlo. No rompí ninguna regla, ni cometí ningún delito. Además, no es un collar, es un silbato.

Emilio se quedó sin palabras. —¿Ese es el punto? Sofi es una niña. ¿No podías regalarle algo más... de niñas?

Mientras discutían, la cabecita de Sofi iba de un lado a otro, mirándolos alternativamente.

Finalmente, sonrió y dijo: —A mí me encanta. Todo lo que me regale mi hermano me parece hermoso.

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