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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 983

Obligado, Ulises le dio 'Me gusta' y comentó: [Aunque tiene pocos trazos, logra captar a la perfección la esencia y las características de Emilio. ¡Es una obra con gran profundidad! ¡Me fascina!]

Al ir a la misma escuela y estar en el mismo salón, tenían muchos amigos en común.

Varios compañeros empezaron a responder el comentario de Ulises.

Compañero B: [Ulises, no hace falta que exageres tanto. Todos tenemos ojos para ver.]

Compañero A: [Exacto. La voz del pueblo es la voz de Dios, si está feo, está feo.]

Compañero C: [¿De dónde sacaste esas palabras tan rebuscadas, Ulises? Suena muy intelectual.]

Ulises replicó: [Hablo desde el corazón. El arte de mi hermanita es muy expresivo y de un nivel superior. Simplemente estoy siendo objetivo. Claro está, sobre gustos no hay nada escrito y no espero que todos tengan la sensibilidad para entenderlo. Al final del día, cada quien ve lo que su capacidad le permite. ¡Feliz Año Nuevo a todos!]

Al leer la defensa de Ulises, Emilio le levantó el pulgar. —¡Te luciste, Ulises! Qué buena labia tienes.

—Vámonos —dijo Ulises, levantándose.

—¿A dónde? —preguntó Emilio.

Ulises agarró un par de libros infantiles y, junto a Emilio, se sentaron a leerle cuentos a Sofi.

Dentro de la mansión, los programas especiales de Nochebuena en la televisión, el barullo de las fichas de los juegos de mesa, los sonidos de los videojuegos y las voces contando cuentos se mezclaban, creando una melodía perfecta de felicidad familiar.

Nerea y Emilia González hacían una videollamada con Don Hipólito Rivera para desearle felices fiestas.

El abuelo les estaba presumiendo la pólvora que habían comprado; parecía que todo el pueblo se había reunido a ver el espectáculo.

Don Hipólito sacó bandejas de botanas, cacahuates, galletas, dulces, refrescos y té para los vecinos. El patio era una verdadera fiesta.

—Nerea, Emilia, ya les mandé su dinerito para que se compren algo, no olviden revisarlo. ¡Es mi regalo de fin de año! ¡Espero que se les cumplan todos sus deseos y que tengan mucha salud y alegría!

Ahora todo cuadraba: era muy probable que Marisol hubiera engañado a Graciela para que firmara. Como Graciela no sabía leer y apenas y podía garabatear su nombre, seguramente no tenía idea de lo que estaba autorizando.

Antes de terminar la llamada, Nerea le recordó a Don Hipólito que tuviera mucho cuidado con los fuegos artificiales.

Le dijo que, una vez terminaran, revisara bien el área y le echara agua a los restos, para evitar que alguna chispa provocara un incendio.

La mañana de Navidad dictaba la costumbre de no quedarse en la cama y levantarse temprano.

Después de los saludos matutinos, los regalos y un desayuno tradicional, la familia se dispuso a cumplir con la visita obligatoria de cada año: ir a la capilla del cerro a dar gracias.

Esta vez, los Galarza decidieron dejar los autos en la base y subir a pie a la capilla.

Según la tradición de la anciana, esa era la única forma de demostrar verdadera devoción. El año anterior habían tenido una racha de mala suerte, y la anciana estaba convencida de que fue por culpa de haber subido hasta la cima en automóvil.

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