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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 118

Ahí estaba.

Renata respiró hondo, apenas leyó la primera línea y ya no soportó seguir leyendo.

El que es amado, siempre tiene la razón.

Y el que no es amado, haga lo que haga, solo está «haciendo berrinches».

Qué ironía.

No quería ponerse a discutir como una loca, ni amargarse la existencia.

Simplemente no respondió, cerró la ventana de chat y le envió un mensaje a la Sra. Yáñez:

«Sra. Yáñez, faltan muy pocos días para que se cumpla el plazo de las dos semanas. Le pido que solucione rápido el asunto de su hijo y Ximena.»

Tras enviarlo, ni siquiera esperó la respuesta, conectó el teléfono a cargar y se metió al baño a darse una ducha.

Al salir, volvió a tomar su teléfono para revisarlo.

La Sra. Yáñez había tardado media hora en responder, evidentemente indignada por su tono «exigente»:

«¡El futuro de mi hijo es asunto mío, por supuesto que me ocuparé de ello, no necesito que me andes apresurando! La nueva novia que le elegí es la heredera de la familia Suárez. En este momento está en el extranjero y aún no ha regresado. ¡En cuanto regrese, resolveré este asunto de inmediato!»

«Y en cuanto a lidiar con Ximena, mucho menos tienes que presionarme. Después de la desvergüenza que cometió, la castigaré incluso si no me lo pides.»

Mientras lo solucione, está bien.

Mientras la castigue, está bien.

Renata no tenía ganas de decir nada más.

Lo que no se esperaba era que Enrique también le hubiera enviado mensajes media hora antes.

Le había enviado cinco mensajes en total.

Pero todos habían sido eliminados.

El rostro de Renata se mantuvo impasible. A diferencia del pasado, cuando él le enviaba un mensaje por iniciativa propia y ella se alegraba en secreto durante mucho tiempo, esta vez no se inmutó ni le preguntó por qué los había borrado.

Dejó el teléfono sobre la mesa, caminó hacia el lavabo, y después de aplicarse sus productos de cuidado facial y crema corporal, se metió directamente a la cama a dormir.

...

Al día siguiente.

Renata se levantó muy temprano, se arregló y salió de casa antes de que Enrique regresara de su carrera matutina.

Aunque tampoco lograba comprender por qué, durante esos últimos días, él volvía a la casa para dormir si Ximena ya no estaba...

Seguro no era por ella.

Antes, cuando le rogaba que regresara temprano del trabajo, él jamás lo hacía.

Renata no quiso darle más vueltas al asunto, salió de la casa y se marchó conduciendo la Range Rover.

Poco después de que se fuera.

Inés respondió:

—Poco después de las siete. Dijo que tenía trabajo pendiente, que no comería aquí y que desayunaría en la cafetería de la empresa.

—...

A Enrique se le hizo un nudo en la garganta y, de pronto, se quedó sin palabras.

Inés le preguntó:

—Señor, ¿quiere que le sirva el desayuno ahora?

Enrique apretó los labios, bajó la mirada hacia el ramo de orquídeas mariposa que tenía entre sus brazos...

Después de un largo silencio, dejó las flores sobre un mueble cercano y le dijo a Inés con tono apagado:

—Por favor, pon las flores en un jarrón más tarde.

Luego, subió las escaleras.

—...Enseguida.

Inés respondió tardíamente. Observó su espalda mientras subía las escaleras. Seguía luciendo tan imponente y elegante... pero, ¿acaso parecía un poco decepcionado?

Que un hombre tan distinguido como él se sintiera decepcionado solo por no haber podido entregar un ramo de flores.

Inés estaba verdaderamente sorprendida y cada vez más convencida de que el joven señor sentía algo distinto por Renata. Con sumo cuidado, tomó el ramo de orquídeas mariposa y buscó un jarrón para guardarlas...

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