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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 117

La llamada fue respondida casi de inmediato. Al ver que era Enrique quien llamaba, Santiago Valdés se emocionó tanto que casi saltó de la cama, y preguntó con incredulidad:

—¿S... Sr. Yáñez? ¿Me buscaba?

Enrique soltó un ligero murmullo afirmativo y, sin rodeos, fue directo al grano:

—De ahora en adelante, cuida bien de Matías. No dejes que le falte nada, y sobre todo, no molestes a Renata, ¿entendido?

El peso de sus palabras recaía en la última frase.

Santiago, que era bastante astuto, lo entendió a la perfección.

—Entendido, entendido. De ahora en adelante cuidaré muy bien de Matías, no volveré a molestar a Renata...

Al ver que era receptivo, Enrique decidió añadir algo más:

—Escuché que últimamente estás negociando un nuevo proyecto. Si necesitas algo, puedes contactar al Secretario Cisneros.

¡Eso era un regalo caído del cielo!

Los ojillos de Santiago brillaron de la emoción.

¡Él sabía perfectamente que Enrique aún tenía interés en esa chica, Renata!

¡Menos mal que no se había precipitado a buscar a César Zaldívar ese día!

—Muchas gracias, Sr. Yáñez. Tendré muy presentes sus palabras.

A Enrique no le gustaban las adulaciones baratas, pero recordando que era el cuñado de Renata, simplemente murmuró en señal de asentimiento y colgó.

Dejó el teléfono sobre el escritorio.

Metió una mano en el bolsillo, contempló la luz de la luna en el exterior y dejó escapar un largo suspiro...

Sin Matías como intermediario, Renata y César Zaldívar no tendrían por qué volver a cruzarse.

Poco a poco, ella volvería a ser la misma de antes.

Al darse cuenta de lo que estaba pensando, la expresión de Enrique se tensó ligeramente.

Pero al instante, pasó página. Simplemente se había acostumbrado a Renata... se había acostumbrado a su docilidad, a sus atenciones.

Sí, era solo costumbre.

Y en cuanto a la forma en que le había fallado...

Naturalmente, se encargaría de compensarla poco a poco...

...

En la habitación.

Desde que entró, Renata se quedó apoyada contra la puerta sin moverse.

«Pero ¿no acabamos de quedar en que eso ya quedó en el pasado? Además, en aquel incidente, quien te golpeó fue su madre, ella fue la que se equivocó.»

«Así que, de ahora en adelante, ya no te ensañes con ella, ¿de acuerdo?»

Al leer esas palabras, Renata estuvo a punto de soltar una carcajada de indignación, mientras su pecho se inundaba de una profunda amargura...

O sea que, ¿él creía que ella le iba a hacer la vida imposible a Ximena, y por eso le enviaba él mismo los archivos?

Renata apretó los labios.

Se quedó mirando esa serie de mensajes.

Por un momento, estuvo a punto de perder el control y enviarle el historial de sus chats con Ximena, ¡para que viera claramente quién le estaba haciendo la vida imposible a quién!

Pero ¿de qué serviría?

Se preguntó a sí misma.

Alguien tan inteligente como Enrique, ¿acaso no se daba cuenta de las tácticas manipuladoras de Ximena?

Por supuesto que las veía.

Pero eso no le impedía seguir amándola.

Enrique: «Renata, Ximena aún es muy joven. En el fondo, no tiene malas intenciones. Si convives más con ella, te darás cuenta. Ya no te pelees con ella; si pasa algo, puedes decírmelo a mí.»

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