Las mujeres son sensibles.
Ella notó claramente que él estaba diferente a cuando se encontraron la última vez en la escuela y en el restaurante... se había vuelto frío y cortante.
¿Por qué?
¿Acaso no quería que nadie supiera que se conocían?
Pensándolo bien, era la única explicación posible.
Renata soltó un ligero suspiro, desvió la mirada y fingió no conocerlo...
Sin embargo, a un lado, Ximena había notado ese cruce de miradas.
Sus ojos se movieron con sospecha...
Al escuchar las voces, Sofía Zapata también dejó su taza de café en la mesa y se volteó.
Primero le dijo al mayordomo: "Está bien, puedes retirarte".
Luego miró a Renata con una ligera sonrisa, dispuesta a decirle algo.
Pero en ese instante.
Ximena se adelantó, dejando atrás a Renata.
Como si ella fuera la verdadera encargada del proyecto, y Renata, tan solo su asistente.
Renata frunció el ceño con expresión distante.
Ximena se acercó sonriente, le extendió la mano derecha a Sofía y dijo con mucha cortesía:
"Buenas tardes, Directora Zapata. Soy la diseñadora principal de la colección del Día de San Valentín, Ximena".
Sofía entrecerró los ojos. Llevaba más de veinte años en el mundo de los negocios, y esos pequeños trucos de víctima inocente no funcionaban con ella.
Sin molestarse en prestarle atención, Sofía la esquivó y caminó sonriente hacia Renata: "Gerente Yepes, cuánto tiempo sin verla".
Renata sonrió y le estrechó la mano: "Ha pasado mucho tiempo, Directora Zapata".
La sonrisa de Ximena se congeló.
A un lado, la empleada que recogía las tazas de café no pudo evitar soltar una risita al ver la escena.
Ximena, muy sensible a su entorno, sintió que las mejillas le ardían... era demasiado vergonzoso.
Sofía y Renata intercambiaron un par de saludos cordiales hasta que, recordando algo, Sofía señaló con la mano hacia donde estaba César Zaldívar y dijo: "Casi lo olvido. Él es el CEO del Consorcio Zaldívar, el Sr. Zaldívar, César Zaldívar".
Luego se dirigió a César: "Ella es la gerente del departamento de proyectos de la Corporación Yáñez, Renata".
Renata lo miró y notó que el hombre también la estaba observando. Sus ojos oscuros y profundos eran como un remolino que te atrapaba sin remedio; su corazón dio un vuelco repentino...
Esa apariencia solía despertar cierta compasión...
Sofía la miró y luego observó el broche que le ofrecía.
Era un broche en forma de rosa, finamente elaborado y muy hermoso. Se notaba que había requerido mucha dedicación.
Sofía tampoco era de piedra. Al verla así, decidió no tomar en cuenta su actitud atrevida de hace un momento, tomó el broche y sonrió:
"Qué detalle, muchas gracias. Es un diseño muy lindo, me encanta".
Ximena sonrió de manera genuina: "Qué bueno que le guste. ¡Déjeme ponérselo! Creo que este broche de rosa combina perfectamente con el vestido elegante que lleva hoy".
Sofía: "Entonces, gracias".
Renata se quedó a un lado en silencio, observando todo sin decir nada.
Pero Ximena no iba a dejarla en paz. Después de colocar el broche, no se sabe si con intención o no, comentó: "Escuché que la Gerente Yepes también le había preparado un regalo a la Directora Zapata. No sé qué será, ¿por qué no nos lo muestras?"
Sofía enarcó una ceja y miró a Renata.
La mente de Renata se quedó en blanco por un segundo.
No había preparado ningún regalo...
Al ver la sonrisa maliciosa de Ximena, entendió perfectamente lo que pasaba: estaba tratando de humillarla.

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