"..."
Tres exclamaciones consecutivas cayeron de golpe, dejando a Ximena, que estaba a punto de quejarse, completamente sin palabras. Solo sentía que el rostro le ardía de la vergüenza...
Renata sonrió y respondió con una actitud serena y digna.
"El dibujo fue hecho por Ximena. Debido al poco tiempo que teníamos, yo me encargué de modificar los detalles. Sé muy bien cuáles son mis límites, así que sus elogios, Directora Zapata, me quedan grandes".
Sofía estaba muy sorprendida: "¿Tú lo modificaste? Dios mío, Renata, no sabía que también entendías de diseño, y menos con un nivel tan alto. Nunca me lo habías comentado".
Renata sonrió ligeramente, a punto de decir algo.
Pero Ximena ya no pudo aguantar más y la interrumpió.
"Directora Zapata, se equivoca. ¡Ese diseño no lo hizo la Gerente Yepes, contrató a otro diseñador para que lo dibujara!"
Al decir eso.
El ambiente se sumió en un silencio absoluto por un instante.
La expresión de Renata se volvió glacial mientras miraba a Ximena...
Sofía frunció el ceño. En su rostro elegante se dibujó una sombra indescifrable. Quienes la conocían sabían que ese era el preludio de su enojo.
Pasaron unos tres segundos.
Arrojó el diseño sobre la mesa, se recostó en el respaldo de la silla y le preguntó fríamente a Ximena:
"¿Qué acabas de decir? ¿Que Renata contrató a otro diseñador para hacer las modificaciones?"
Sin dejar que Renata se explicara, Ximena afirmó con seguridad.
"Exacto, este diseño lo modificó otro diseñador que contrató la Gerente Yepes".
"La Gerente Yepes nunca estudió diseño, ni sabe nada de ello. ¿Cómo sería capaz de hacer un trabajo de modificación así?"
"Además, si realmente entendiera de diseño, usted, Directora Zapata, que ha trabajado con ella tanto tiempo, ya se habría dado cuenta".
Sus argumentos parecían perfectos.
El rostro de Sofía se enfrió aún más. Miró a Renata, esperando una explicación.
Renata, con la conciencia tranquila, solo tuvo ganas de reír al escuchar esas tonterías.
"Directora Zapata, hemos trabajado juntas por más de un año. Usted conoce mi ética laboral y mi integridad".
Sofía y Ximena también voltearon a ver.
La pregunta dejó a Ximena con la mente en blanco por un segundo...
Sofía la miró con severidad: "¿Por qué te quedas callada?"
Ximena, muerta de vergüenza y frente a la imponente presencia del hombre, no se atrevió a contestar de mala manera. Al final, tartamudeando, logró decir: "Yo... no lo sé...".
Sofía soltó un bufido frío: "¿No lo sabes? No lo sabes, pero te atreves a acusar a Renata con tanta seguridad. ¿Acaso no entiendes que si este asunto se hace público, Renata podría demandarte por difamación?"
Ximena se sintió acorralada. A fin de cuentas, seguía siendo muy joven y la sola idea de terminar en la cárcel la aterrorizaba.
Se mordió el labio y, al no tener argumentos, decidió echarle la culpa a los demás.
"Lo siento, esto lo escuché de la gente en la empresa...".
Renata frunció el ceño, a punto de hablar...
"¿A quién se lo escuchaste?", preguntó César con actitud tajante. Tras subir los escalones, se sentó en una silla vacía. Sus largas y fuertes piernas estaban ligeramente separadas y descansaba los brazos sobre los reposabrazos, desprendiendo un aire de superioridad innato.
Con una mirada afilada como la de un halcón, no le quitaba los ojos de encima a Ximena.

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