Renata parpadeó lentamente, un tanto sorprendida. Había asumido que él la reprendería otra vez o que le exigiría no tomar represalias contra Ximena.
Últimamente estaba harta de escuchar disculpas vacías, pero realmente no tenía ganas de discutir con él.
Bajó la mirada hacia su celular y contestó con indiferencia: —No pasa nada.
Enrique dudó un momento. Al ver su perfil tan distante, sintió una repentina punzada de incomodidad en el pecho...
—Renata... —la llamó suavemente después de un rato, queriendo explicarle lo de Ximena.
Sabía que esta vez Ximena se había excedido, y hablaría seriamente con ella después. Pero si el asunto se salía de control, afectaría todo el proyecto y, en consecuencia, a Renata, quien era la encargada.
Sin embargo, al instante siguiente...
El tono de un celular rompió el silencio.
Un tono personalizado.
Era Ximena.
El dedo de Renata se detuvo en la pantalla de su propio teléfono y esbozó una sonrisa irónica...
Enrique frunció el ceño, tomó su celular de la consola central y contestó.
De inmediato, al otro lado de la línea se escuchó la voz tosca de un hombre.
—¡Ximena Zapata, ¿cómo puedes ser tan descarada?! ¡Le robaste el trabajo a Renata Yepes!
—¿Acaso ese diseño es tuyo? ¿Acaso puedes dormir por las noches sabiendo lo que hiciste?
—¡Eres una sinvergüenza! ¡Las personas como tú deberían morir!
...
¡Pum!
Se escuchó el golpe de algo pesado cayendo al suelo, seguido por el grito aterrado de Ximena. —¡Ah! ¡Ayuda!
Enrique pisó bruscamente el freno, apretando el teléfono con fuerza. —¡Ximena! ¿Qué está pasando?
Al escuchar su propio nombre, Renata también frunció el ceño y lo miró.
—Enrique, no sé quién filtró mi dirección, pero alguien vino a atacarme... Ayuda, por favor, ayuda... Yo no le robé ningún diseño a Renata...
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