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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 173

Pensando en Renata, César Zaldívar decidió no entrar en conflicto con él. Le devolvió una sonrisa cortés y respondió:

—Es una casualidad, en efecto.

Enrique Yáñez entrecerró los ojos. Tras unos instantes, soltó una risa seca, se acercó a Renata y, posando su gran mano posesivamente sobre su delgada cintura, le dijo a César:

—Vamos un poco justos de tiempo, así que mi Renata y yo no lo invitaremos a pasar esta vez. ¡Pero la próxima, con más calma, seguro lo invitamos! Nos retiramos.

Al decir esto, bajó la mirada hacia Renata, mirándola con una devoción fingida, y le habló con voz dulce:

—Perdóname, mi amor. Surgió un imprevisto y llegué tarde. Cuando lleguemos a casa, te lo compensaré como mereces.

Era la primera vez que Renata lo veía actuar de una manera tan melosa en público, y mucho menos frente a César Zaldívar. Se sentía terriblemente incómoda.

¡No sabía qué bicho le había picado a Enrique hoy! Parecía que le hubieran hecho un maleficio.

—Enrique... —murmuró ella en voz baja, advirtiéndole.

Pero el hombre, en lugar de soltarla, le dio un ligero pellizco en la cintura. Su voz se volvió aún más suave, como un susurro íntimo entre amantes.

—Ya no estés enojada conmigo. Te pido perdón por lo de anoche. ¿Me perdonas, sí?

Renata no pudo soportar esa faceta suya y se ruborizó por completo. Indignada y avergonzada, se mordió el labio... pero la verdad era que no se atrevía a moverse. No sabía de qué más era capaz Enrique si lo provocaba.

Al ver su reacción, la mirada de Enrique se oscureció aún más...

A un lado, César Zaldívar los observaba en completo silencio. Sus labios estaban apretados en una línea fina y, en el fondo de sus ojos oscuros, parecía avecinarse una tormenta.

No dijo ni una palabra.

Fue Enrique quien rompió el silencio. Apartó la mirada del rostro ruborizado de la mujer, se volvió hacia César y toda su dulzura desapareció al instante. Con una sonrisa fría, sentenció:

—Bueno, mi Renata y yo nos vamos. Que tenga un buen día, Sr. Zaldívar.

Sin esperar respuesta, tomó a Renata y se la llevó.

A sus espaldas, la mirada sombría de César los siguió como una sombra. La luz que entraba por la ventana iluminaba su rostro atractivo y de facciones marcadas, proyectando sombras que hacían imposible descifrar sus pensamientos.

Hasta que el teléfono en su bolsillo comenzó a vibrar...

César apartó la vista, sacó el celular y contestó con voz ronca:

—Dime.

—Sr. Zaldívar, se nos hace tarde. Es hora de recoger los resultados de los análisis de sangre y la prueba de ADN. En una hora tiene la conferencia internacional —le recordó Camilo Falla, su asistente, que lo esperaba en la planta baja.

La mirada de César se ensombreció. Echó un último vistazo a la dirección por donde se había marchado Renata, dio media vuelta y empezó a caminar. Con su imponente figura y su porte elegante, murmuró:

—Voy para allá.

...

Mientras tanto.

Enrique arrastraba a Renata por el pasillo.

Capítulo 173 1

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