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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 174

Para ser sincera, le parecía bastante patético. En el pasado, cuando ella lo amaba con locura y le suplicaba que la acompañara a ver a su hermana, él siempre se negaba. Y ahora, que ya no sentía nada por él, se dedicaba a perseguirla y a ser una molestia constante.

Pero ya estaban frente a la puerta.

No podía hacerle una escena ahí mismo, así que dejó que pasara.

Abrió la puerta de la habitación.

Isabel Yepes estaba recostada en la cama bordando, mientras que Santiago Valdés estaba concentrado jugando en su celular.

Al escuchar el ruido, ambos levantaron la vista. Ver que Enrique Yáñez había ido de visita los dejó boquiabiertos, especialmente a Santiago.

Rápidamente soltó el teléfono y, con actitud servil, se apresuró a servirle agua.

—Señor Yáñez, por favor, tome asiento...

En comparación, el tono de Isabel fue mucho más distante. En los últimos días, no le había pasado desapercibido que los sentimientos de Renata hacia Enrique habían cambiado por completo.

—Señor Yáñez...

Enrique asintió en respuesta. Al ver las condiciones de la habitación, no pudo evitar fruncir el ceño.

Además, la frialdad en la actitud de Isabel era innegable.

En el pasado, gracias a Renata, Isabel siempre lo había tratado con suma amabilidad y respeto.

¿Por qué había cambiado?

La mirada de Enrique se oscureció un poco. Dio un paso adelante y dijo:

—He estado muy ocupado estos últimos días y no tuve tiempo de venir antes. No sabía que el entorno aquí era así. Lo siento. En un momento haré que alguien tramite su traslado. La llevarán al Hospital Privado Bella Vista; las instalaciones allí son, francamente, mucho mejores.

Renata, al escuchar esto, lo miró de reojo con una expresión completamente neutral, y en silencio colocó la bolsa de frutas sobre el mueble.

Isabel hizo una pequeña pausa y, bajando la mirada, rechazó la oferta.

—No es necesario. ¡Ya me he acostumbrado a estar aquí!

La distancia implícita en sus palabras era evidente, y Enrique no era ningún tonto para no captarlo.

Sin embargo, él no era el tipo de hombre que rogaba. Respondió con tono neutral:

—De acuerdo, si está cómoda aquí, está bien. Si necesita algo, llámeme en cualquier momento.

La sonrisa de Isabel también fue fría y distante.

—Gracias.

Intercambiaron un par de formalidades más.

Durante todo el tiempo, Renata no intervino en absoluto. Su rostro se mantenía inexpresivo, casi sereno.

Santiago, que tenía una mirada mezquina y calculadora, miraba a Renata y luego a Enrique, intuyendo que algo andaba mal entre ellos...

—Ella antes siempre sonreía, siempre tenía algo de qué hablar. ¡Ahora apenas sonríe y casi ni abre la boca!

Santiago se quedó sin palabras por un segundo. Se atragantó con su propia rabia, con sus ojos codiciosos inyectados en sangre por el coraje.

Para él, no había nada en el mundo más importante que sus propios intereses. ¡Engancharse de la fortuna de Enrique Yáñez a costa de sacrificar a Renata era el mejor negocio de su vida!

Además, desde su retorcida perspectiva, todo esto era algo que Renata le debía.

Santiago, sacudiendo la mano con desprecio, resopló.

—Ya, ya, cállate de una vez. ¡Es imposible razonar contigo!

Isabel, asustada por lo que él pudiera hacer, le lanzó una advertencia severa:

—Santiago, te lo digo en serio, usa la cabeza y no hagas ninguna estupidez. ¡Ni se te ocurra ir a buscar a Enrique! El trasfondo de todo esto en la vida de Renata debe ser muy complicado, ¡así que no te metas! ¡Cuidado con que termines metiéndote en un problema del que no puedas salir!

—¡Con esa actitud miserable que tienes, estás condenado a ser pobre toda tu vida!

Santiago soltó un bufido despectivo y salió dando un portazo. Su plan era volver a la casa y poner todo patas arriba hasta encontrar ese anillo.

Él no era ningún idiota; se había dado cuenta perfectamente de que las cosas entre Renata y Enrique se habían enfriado muchísimo.

Tenía que prepararse para lo que venía. No iba a desperdiciar a una carnada de oro como Renata.

¡En cuanto encontrara el anillo, iría a buscar a César Zaldívar de inmediato!

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