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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 182

Lo miró fijamente y, en su mente, volvieron a resonar las palabras hirientes que ella le había lanzado...

Enrique apretó los labios y cerró el puño alrededor del pendiente.

Justo entonces, su teléfono volvió a sonar.

Esta vez era la Sra. Yáñez.

Enrique frunció el ceño, lo dudó un segundo, pero finalmente contestó.

De inmediato, la voz llena de reproche de la Sra. Yáñez inundó el auricular.

—Enrique, ¿llevaste a Renata a ese club?

—¿Tienes idea de lo que estás haciendo? ¡Puedes divertirte, pero no a ese extremo!

—¡Y esa Renata, qué barbaridad! ¡Cómo se atreve a decir esas cosas! No tiene tacto, ni sabe comportarse en público.

Enrique bajó la mirada, abrió la mano y observó el pequeño pendiente de mariposa. Sus ojos eran profundos e indescifrables.

—Lo cierto es que Renata está bastante distante conmigo últimamente —respondió con indiferencia.

La Sra. Yáñez se quedó muda por un segundo. No esperaba que los rumores fueran ciertos.

¡Vaya con Renata!

—¡Me parece que a esa chica ya se le subieron los humos!

—¡Y tú eres un irresponsable!

—¡Ahora todo el círculo social comenta que se separaron!

—La Sra. Ledesma me acaba de llamar para preguntarme si era cierto. Su tono no fue nada amigable.

Murmuró un par de quejas más antes de ponerse seria: —...A la Sra. Ledesma le cae muy bien Renata.

—Mañana por la noche ella organizará un banquete.

—No me importa en qué estado se encuentre su relación ahora mismo. Mañana en la noche tienes que llevar a Renata sin falta.

—Esto no es un simple evento social. Detrás de la Sra. Ledesma está toda su familia, y la colaboración entre la familia Ledesma y la Corporación Yáñez es vital. Así que, sin importar lo que pase, tenemos que mantener las apariencias y cuidar esa relación.

Enrique esbozó una sonrisa cínica. —¿Llamaste solo para decirme esto?

—No soportas a Renata, ¿y qué pasará después?

La Sra. Yáñez bufó, molesta por la actitud inquebrantable de su hijo.

Pero en ese momento no podía decirle que tolerar a Renata era solo una medida temporal, y que cuando la señorita Mónica Serrano se convirtiera en su pareja oficial, todos esos problemas desaparecerían por arte de magia.

Tragándose su frustración, la Sra. Yáñez espetó enojada: —¡Todo lo que hago es por tu propio bien!

Y colgó el teléfono de golpe.

—¡No puede ser! —murmuró Ximena, apretando el teléfono con fuerza y apretando los dientes.

...

Mientras tanto.

Renata iba en el taxi camino a casa. Aunque acababa de pelear con Enrique y todavía sentía el corazón acelerado por la furia, en el fondo experimentaba una sensación de liberación sin precedentes.

Porque a partir de este momento, ya no tendría que fingir. Ya no tendría que sonreír en contra de su voluntad.

Cuando el amor se acaba, simplemente se acaba.

Supuso que después de lo de hoy, Enrique no volvería a buscarla. Al fin y al cabo, él era un hombre sumamente orgulloso.

¡Mejor así!

Veinte minutos después, el auto se detuvo frente a su complejo de apartamentos.

Renata pagó, tomó su bolso y bajó.

Justo entonces, su celular vibró.

Mientras cerraba la puerta y caminaba hacia la entrada, sacó el teléfono para revisar.

Al ver que era un mensaje de César Zaldívar, se sorprendió un poco y detuvo sus pasos.

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