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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 183

César Zaldívar: [Renata, ¿tienes alguna preferencia en particular? Por ejemplo, en tu estilo de vida, en la comida.]

Renata se quedó con la mente en blanco por un instante. Le costaba creer que ese mensaje fuera realmente de César Zaldívar.

Sonaba un poco íntimo... No parecía en absoluto el mensaje de un jefe hacia una empleada.

Renata lo leyó hasta cinco veces para asegurarse de que no estaba imaginando cosas. Luego, tras pensarlo bien, respondió:

[Tengo bastantes gustos variados. ¿Ocurre algo, Sr. Zaldívar? ¿Necesita algo en particular?]

César Zaldívar: [Nada grave, solo curiosidad. ¿Podrías describírmelo un poco?]

Los ojos de Renata temblaron. No entendía por qué él estaba tan empeñado en conocer sus gustos.

¿Acaso quería que lo acompañara a una cena de negocios?

Imposible que quisiera conocerla a nivel personal.

Renata lo pensó un momento y le hizo un pequeño resumen, de unas cien palabras más o menos.

Poco después, César respondió:

[De acuerdo, entendido.]

Renata contestó con un simple "Está bien". Luego, recordando los análisis de sangre que se había hecho en el hospital, añadió:

[Sr. Zaldívar, supongo que los resultados de mis exámenes ya habrán salido. Si necesita algo, puede decírmelo directamente. Haré todo lo que esté en mis manos para ayudar.]

Temía que él tuviera algún reparo en ser directo con ella.

En realidad, no había razón para incomodarse. Él la había sacado de la estación de policía, y ella nunca olvidaría esa enorme deuda de gratitud.

César guardó silencio un momento antes de responder:

[Sí, ya salieron. Si necesito algo, me pondré en contacto contigo.]

Al leer eso, Renata se sintió aliviada:

[Perfecto.]

Tras enviar el mensaje, guardó el teléfono y continuó su camino hacia la entrada del complejo.

Era plena tarde, el sol brillaba con una calidez reconfortante que la envolvía.

Sin embargo, su estado de ánimo se volvió extrañamente melancólico, sintiendo una opresión inexplicable en el pecho... Un sentimiento que no podía poner en palabras.

Renata se detuvo en seco y frunció el ceño, confundida.

¿Qué me pasa...?

...

Le dio una calada profunda.

El humo se elevó lentamente...

Entrecerró los ojos y, a través de la tenue neblina grisácea, le pareció ver de nuevo a aquella chica tan llena de vida y energía...

Sabía ser muy dulce, era como un pequeño rayito de sol.

Pero también era inmensamente terca. Para poder participar en el concurso de arte de la ciudad, aunque terminaba exhausta después de las clases y los trabajos grupales, siempre encontraba fuerzas para prepararse.

Cada vez que la veía esforzarse tanto, a él se le partía el corazón. Pero ella siempre le sonreía y le decía: "No me pesa, aún soy joven. Hay que luchar cuando se es joven, o te arrepentirás de viejo".

Así era ella.

Y a los veintidós años... falleció.

Hasta el día de hoy, le parecía que todo era un sueño. Un sueño hermoso que se había convertido en una pesadilla de la que no lograba despertar.

César cerró los ojos, exhaló una nube de humo y, como si de repente hubiera perdido todas sus fuerzas, se recostó pesadamente en la silla...

Justo en ese momento.

Alguien llamó a la puerta. Era la voz de Camilo Falla.

—Jefe, ¿está ocupado? Hay un asunto que necesito comentarle.

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