Renata mantenía la mirada baja, con el corazón latiéndole como un tambor.
Por supuesto que estaba nerviosa e intimidada.
Sin embargo, cuando algo ya no te importa, dejas de darle tantas vueltas en la cabeza.
Con movimientos tensos, se arregló la ropa y se dispuso a entrar a su apartamento.
En ese instante, él rompió el silencio. Sacudió la ceniza del cigarrillo y, con la voz ligeramente ronca, le dijo:
—Renata, imagino que ya sabes lo que se rumorea de nosotros en nuestro círculo. Mañana por la noche la Sra. Ledesma organiza un banquete; quiero que vengas conmigo.
Ahí estaba. Ese era el verdadero Enrique. Había ido a buscarla únicamente por un tema de negocios e imagen... Todas esas preguntas sobre Ximena no eran más que palabras vacías.
Renata, dándole la espalda, se detuvo en seco.
No sabía si era el frío del pasillo o la frialdad de sus palabras lo que le heló la sangre.
Instintivamente, se abrazó a sí misma.
—Mañana en la noche pasaré a buscarte —ordenó Enrique con un tono que no admitía rechazos.
Renata se mordió el labio.
De repente, preguntó en voz muy baja: —¿Los contratos entre la Corporación Yáñez y la familia Ledesma no bajan de las decenas de millones, verdad?
Enrique hizo una pausa. —¿A qué viene eso?
Renata respiró hondo, se dio la vuelta para enfrentarlo y le respondió con absoluta frialdad:
—¡Quiero un millón! Sé perfectamente que me necesitas para mantener las apariencias frente a ellos. Págame un millón y mañana iré contigo.
Enrique entrecerró los ojos y apartó el cigarrillo de sus labios.
—Renata, un millón no es una cantidad pequeña. ¿De verdad crees que lo vales?
Renata apretó los puños a los costados.
—Si al Sr. Yáñez no le parece un precio justo, tiene la total libertad de buscarse a otra.
Enrique se quedó en silencio, observándola con fijeza.
Honestamente, para él un millón no era absolutamente nada.
Tampoco era de los que escatimaban dinero en una mujer.
Simplemente... ¡el cambio tan radical en la actitud de Renata lo tenía desconcertado!
Antes, cuando había un evento social importante, era ella quien le rogaba que la llevara para poder encajar más rápido en su círculo.
En aquel entonces, la sinceridad y el amor en sus ojos eran inocultables. Pero ahora, lo único que parecía importar eran las transacciones y los beneficios.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE