Enrique Yáñez terminó una llamada de trabajo y, justo al salir de la entrada del complejo residencial, Pablo Cisneros se detuvo frente a él con el auto.
Abrió la puerta, se dejó caer en el asiento trasero y apoyó la cabeza con pesadez, masajeándose el puente de la nariz. La luz tenue del interior jugaba con sus facciones bien marcadas; a pesar del evidente agotamiento, su atractivo seguía intacto.
En los últimos días, debido a los problemas con el proyecto en San Miguel, había invertido demasiada energía intentando solucionarlo. Quedarse trabajando hasta la madrugada se había vuelto su rutina.
Y para colmo, Renata le estaba causando problemas...
Enrique soltó un suspiro profundo y, con voz ronca, le ordenó a Pablo: —Despeja mi agenda para mañana por la noche. Iremos a la gala de la Sra. Ledesma.
Pablo se quedó pasmado. Miró por el espejo retrovisor, sin poder creer que su jefe realmente fuera a llevar a Renata al evento...
Al no obtener respuesta, Enrique levantó la vista. —¿Y bien?
Pablo reaccionó de inmediato y balbuceó: —Sr. Yáñez, es que antes, usted nunca le habría rogado a nadie por un proyecto...
Enrique se detuvo un segundo. Se acomodó los gemelos con sus dedos largos y elegantes. Tras un momento, dijo con indiferencia: —Llevar a Renata a la gala es el método más rápido y sencillo.
"¿De verdad es solo por eso?", pensó Pablo.
En ese momento, un teléfono vibró.
Enrique frunció el ceño, sacó su móvil del bolsillo y vio que era una llamada de Ximena Zapata. La rechazó de inmediato, dejó el teléfono a un lado y su frustración se hizo evidente.
Pablo notó todo esto por el espejo. Lo pensó un momento, pero no pudo contenerse.
—Sr. Yáñez, ¿alguna vez ha pensado que lo que siente por la Srta. Zapata... no es amor de pareja?
Enrique se tensó y le lanzó una mirada gélida.
—¡Tú sabes demasiado!
Pablo guardó silencio al instante, sin atreverse a decir una palabra más, y arrancó el vehículo.
Enrique apartó la mirada y se recostó en el asiento, pero su mente inevitablemente divagó hacia Ximena...
A decir verdad, nunca había reflexionado sobre la palabra "amor".
Habiendo crecido en una familia tan fría, autoritaria y emocionalmente rota, no sabía amar ni entendía qué era el amor.
Pero en su corazón, Ximena era diferente. La calidez y sinceridad que ella le había brindado en el pasado eran cosas que jamás olvidaría. Por eso la consentía y le cumplía sus caprichos.
Pero, ¿era amor?



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE