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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 218

Al segundo siguiente, se abrió una de las puertas y de la camioneta bajó Luciana Bermúdez, vistiendo un impecable traje sastre, pero con un semblante retorcido por la furia. Si uno la miraba de cerca, sus ojos estaban inyectados en sangre. Clavó la mirada en Renata con unas ganas homicidas de destrozarla, se le acercó a zancadas y le propinó dos bofetadas brutales sin mediar palabra.

—¡Vaya que tienes agallas para atreverte a mutilar a mi hermano! ¡¿Tienes idea de lo que le hiciste?! ¡Sigue en cirugía de emergencia luchando por su vida!

Renata no tuvo siquiera tiempo de esquivarlas y recibió los golpes de lleno. Al escuchar esas palabras, su cerebro pareció desconectarse por completo. Estaba tan en shock que no pudo procesarlo de inmediato.

¿Andrés estaba en cirugía de emergencia?

¿Había sido tan grave?

Renata se mordió los labios, más pálida que nunca.

Nunca en su vida se había enfrentado a algo tan extremo; decir que no estaba muerta de miedo sería mentira.

¡Pero ella era la verdadera víctima en todo esto!

Con los ojos llenos de lágrimas, Renata se atrevió a defenderse:

—¡Fue él quien intentó abusar de mí primero!

Luciana soltó una carcajada llena de desdén, dio un paso adelante y la agarró brutalmente del cuello de la blusa, viéndose tentada a estrangularla ahí mismo.

—¡¿Y tú qué diablos te crees que eres?! ¡¿Cómo te atreves a compararte con mi hermano?! ¡Aunque hubiera jugado contigo hasta matarte diez veces seguidas, seguirías sin valer nada!

Por un instante, la mente de Renata quedó en blanco.

Luciana bufó con asco, la soltó, dio un paso atrás y le ordenó a los hombres de traje negro que la escoltaban:

—Tírenla en el maletero.

Las pupilas de Renata se contrajeron de golpe. Su instinto le gritó que huyera; su cerebro solo procesaba una palabra: escapar.

Pero esos guardaespaldas eran bestias entrenadas. La atraparon en cuestión de segundos y la arrastraron hacia la parte trasera del vehículo.

Renata se sentía como un animal acorralado camino al matadero, incapaz de defenderse. En ese instante, el pánico absoluto amenazó con devorarla viva; con la voz rota y temblorosa, empezó a gritar pidiendo auxilio con toda su alma...

Pero el estacionamiento estaba desierto. No había nadie más que ellos. Nadie iba a bajar a salvarla.

Un guardaespaldas abrió el maletero y empezó a empujarla hacia el interior.

Luciana observaba la escena con total frialdad.

Y justo en ese momento de vida o muerte, desde la rampa de entrada del estacionamiento, retumbó el aullido agudo de una sirena de policía.

Luciana frunció el ceño con irritación.

Los guardaespaldas, al no querer problemas legales en flagrancia, soltaron inmediatamente a Renata y retrocedieron un par de pasos.

Renata ya había gastado hasta su última gota de energía luchando. Al ser liberada de golpe, sus piernas cedieron y se desplomó sobre el piso de concreto.

Reuniendo las fuerzas que no tenía, enderezó el torso, levantó la mirada y, al ver las luces rojas y azules de las patrullas parpadeando, las lágrimas que había estado conteniendo estuvieron a punto de desbordarse...

Capítulo 218 1

Capítulo 218 2

Capítulo 218 3

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