—¡Enrique Yáñez...! Jaja, ¡mírate al espejo, con qué cara te atreves a llamarlo!
—¿No lo sabías? La única persona por la que él movería un dedo es su hermanita, ni siquiera por el resto de su familia haría tanto.
Esas crueles palabras, sin querer, se clavaron como dagas en el corazón de Renata.
Un dolor insoportable la invadió.
Con los ojos inyectados en rabia y lágrimas, forcejeó con furia. Si nadie iba a salvarla, tendría que hacerlo ella misma. ¡Agarró su bolso y golpeó con todas sus fuerzas la cabeza del hombre!
¡Crash!
Por un segundo, el mundo pareció detenerse por completo...
El hombre aflojó el agarre, abrió los ojos de par en par, la miró aturdido, retrocedió unos pasos tambaleándose y finalmente cayó desplomado al suelo de espaldas...
Renata, jadeando fuertemente, también se dejó caer al suelo, exhausta y sin fuerzas...
Poco después, el personal del hotel acudió al lugar.
El sujeto fue sacado por las autoridades por acoso sexual.
Una empleada del lugar ayudó a Renata a bajar las escaleras. Al ver su estado tan deplorable, y siendo mujer, no pudo evitar sentir compasión.
—¿Estás bien? ¿Te lastimó en algún lado? Te puedo ayudar a curarte... Por cierto, si me das el número de algún familiar o de tu novio, puedo llamarlos por ti. No estás en condiciones de irte sola.
Familia... ella no tenía familia.
En cuanto a sus colegas... todos estaban muy ocupados, no quería robarles su tiempo libre.
Y su novio...
A Renata se le hizo un nudo en la garganta y, con voz ronca, respondió:
—No te preocupes, puedo sola. Tengo medicina en casa, no quiero causar molestias...
—Bueno... si tú lo dices.
Renata le dio las gracias y, soportando el dolor punzante en su tobillo, salió paso a paso del hotel para buscar un taxi en la calle.
El viento de la noche invernal le golpeaba el rostro, cortante.
Pero por más que le doliera, no se comparaba ni a la mitad del dolor que sentía en el corazón.
No podía evitar pensarlo.
A esas alturas, Enrique seguramente ya habría llegado a casa con Ximena.
Él le estaría preparando algo caliente y reconfortante para tomar, y luego le aplicaría ungüento en el tobillo con suma delicadeza...
Mientras que ella...

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