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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 224

Si no hubiera mencionado el tema, quizá las cosas se habrían calmado, pero al sacar a relucir a su hijo, la sangre volvió a hervirle a Ricardo. Con el rostro enrojecido de rabia, la señaló con el dedo índice, soltando cada palabra como si fuera veneno.

—¡Todavía defiendes a ese animal! ¡No me vas a decir que no sabías nada de las asquerosidades en las que andaba metido estos últimos años! Yo me pasé la vida trabajando, no tuve tiempo de vigilar qué hacía a mis espaldas, ¡pero tú sí! ¡Tú sabías en lo que andaba y le aplaudías todo! Tanta indulgencia tuya lo ha podrido por dentro, ¡si llegó a este extremo es porque se lo merece!

Beatriz se quedó paralizada, incapaz de articular palabra.

Era cierto que durante años le había tolerado de todo. Andrés siempre fue un niño enfermizo; ella solo pensaba que, mientras no cruzara ciertos límites, su deber como madre era protegerlo.

¿Acaso eso era un crimen?

Pero Beatriz no estaba dispuesta a rendirse. Apretó los puños y gritó:

—¡Me importa un demonio! ¡No pienso ceder en esto! ¡Tú eres su padre! ¡Su propio padre! ¡Es tu deber protegerlo!

Al ver que la mujer seguía en su ceguera absoluta, Ricardo rugió con todas sus fuerzas:

—¡¿Protegerlo?! ¡¿Cómo diablos quieres que lo proteja?! ¡Todas sus basuras, y las porquerías ilegales que hizo Luciana, ya salieron a la luz! ¡Si todo esto llega a un tribunal, terminaré tras las rejas junto con ellos y mi carrera estará acabada!

Luciana se estremeció, bajando la cabeza, dominada por el pánico...

El rostro de Beatriz perdió todo el color. Por fin entendió la magnitud del problema y, con las piernas temblando, se desplomó patéticamente en el suelo.

—¿Es... es tan grave? —murmuró al borde del colapso—. Entonces... ¿el futuro de mi hijo se arruinó por nada...?

Ricardo miró a ambas mujeres con una mezcla de lástima y profundo repudio, dejando escapar un pesado suspiro que parecía llevarse los últimos años de su vida.

César Zaldívar, que había permanecido de pie a un lado observando el drama familiar, esbozó una ligera sonrisa carente de humor. Le hizo un leve gesto de despedida a Ricardo y se marchó.

En el preciso instante en que la pesada puerta de entrada se cerró a sus espaldas, un llanto desgarrador inundó la sala, acompañado de un lamento cargado de desesperanza.

Con el rostro completamente inexpresivo, César caminó por el patio de la mansión, subió al Maybach y le ordenó a Camilo Falla que lo llevara a la comisaría.

Camilo echó un vistazo por el espejo retrovisor. Al ver la serenidad en el rostro de su jefe, supuso que el asunto había quedado resuelto y arrancó el vehículo. Sin embargo, recordando el incidente anterior, no pudo evitar hacer un comentario:

—Al parecer, el Sr. Yáñez no logró resolver el problema. Se fue y no sé a dónde se dirigía.

Capítulo 224 1

Capítulo 224 2

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