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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 242

Al escuchar esas palabras, el corazón de Renata se enfrió aún más.

A sus ojos, ella siempre era inferior. Indigna de ser amada, indigna de triunfar, indigna de cualquier cosa buena.

¡Hoy por fin le había caído la venda de los ojos!

Renata se soltó de su agarre con un movimiento brusco, soltó una risa fría y sentenció: —Escúchame bien, Enrique Yáñez. Hoy, los que tienen que largarse de aquí no soy yo... ¡son ustedes!

El "ustedes" era una flecha directa, sin necesidad de nombres.

El rostro de Enrique se ensombreció de golpe, su mirada se volvió sombría y amenazante.

A un lado, Ximena observaba la escena palideciendo ligeramente. Un mal presentimiento comenzó a invadirla.

Los directivos también estaban desconcertados. Uno de ellos fue el primero en reaccionar y preguntó vacilante: —Disculpe, señorita... usted no será... ¿la persona que eligió el Maestro Zamora?

Sin prestarle más atención a Enrique, Renata se dirigió a los presentes con total cortesía: —Soy la alumna del Maestro Zamora. Mi nombre es Renata Yepes.

Varios directivos murmuraron sorprendidos: —¿Pero el alumno del Maestro Zamora no era Mateo Linares?

—Exacto. Seguro está mintiendo.

—Esto no tiene sentido...

...

Ximena, recuperándose del impacto inicial, miró fijamente a Renata con el ceño fruncido, negándose a creer semejante locura.

Alzó la voz y la señaló: —¡Renata, deja de engañar a la gente! ¡Tú no eres la alumna de Mauricio!

Luego, dirigiéndose a los directivos, añadió con vehemencia: —No le crean una sola palabra. He visitado al Maestro Zamora en varias ocasiones y él mismo ha dicho que Mateo es su único protegido. ¡Es evidente que esta tal Renata es una impostora!

Ante esto, los directivos intercambiaron miradas, evaluando la situación, y rápidamente llegaron a una conclusión.

Nunca habían oído hablar de Renata en la industria, así que debía ser un fraude.

¡Además, Ximena tenía el poderoso respaldo de Enrique Yáñez! ¡Esa sí era una apuesta segura!

—Señorita Yepes, por favor. Este es un concurso de prestigio. Le pedimos que se retire y deje de causar problemas —sentenció uno de ellos.

Ximena sonrió con superioridad.

Renata apretó los labios, a punto de explicar la situación.

La puerta de la sala se abrió de nuevo.

Mateo Linares, impecablemente vestido con un traje a la medida, entró con paso firme y voz autoritaria: —Yo vengo a certificar que Renata es la protegida del Maestro Zamora. ¿Eso les parece suficiente garantía?

—¡Señor Linares! —Los directivos se quedaron atónitos.

De repente pensó: ¡Renata debió haberse reído a carcajadas cada vez que la veía ser rechazada por Mauricio!

¡Qué humillación tan denigrante!

Con el rostro enrojecido por la ira y sin poder soportar la presencia de Renata ni un segundo más, Ximena se dirigió apresuradamente a los directivos.

—¡Ya que estamos todos aquí, podemos pasar a la votación de una vez!

Estaba convencida de que, como Enrique ya había "aceitado" a esos directivos, los votos serían incondicionalmente suyos.

¿Qué importaba que Renata fuera alumna de Mauricio? Igual se quedaría sin el cupo y ella la aplastaría.

Enrique frunció el ceño ligeramente.

Pero no intervino.

Renata notó su silencio. Sus brillantes ojos oscuros temblaron levemente; apretó los puños y soltó una risa fría. —¡Por supuesto!

Mateo, de pie detrás de ella, sostuvo la mirada de Enrique por un tenso segundo antes de hablar por Renata.

—Traemos unos documentos que nos gustaría que revisaran. Les tomará solo un par de minutos. Después de leerlos, entonces podrán votar.

Intrigados, pero sin opciones, los directivos asintieron y se acercaron a tomar las carpetas. —De acuerdo, no hay problema.

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