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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 247

Renata se quedó sin palabras.

Esas palabras daban justo en el blanco, clavándose en lo más profundo de su ser.

Pero hoy la situación era diferente...

—Sí, lo entiendo perfectamente, Sr. Zaldívar —respondió en voz baja, mirándolo a los ojos—. Solo tomaré un poco hoy. Le prometo que no lo volveré a hacer.

No lo volveré a hacer...

César interpretó el doble sentido en sus palabras y su corazón dio un vuelco salvaje en su pecho.

A pesar del torbellino emocional, mantuvo una calma inquebrantable en su rostro. Tomó la copa, dio un sorbo y, mientras su garganta pasaba el trago, respondió secamente: —Más te vale.

Renata, ajena a todo, se quedó sentada a su lado, en silencio, luciendo una docilidad entrañable.

De repente, un dolor punzante le atravesó el vientre.

Hizo una mueca de agonía y se presionó el estómago. Había soportado las puntadas varias veces en la noche, pero esta vez el dolor era insoportable.

El rostro de Renata perdió todo el color, y no pudo evitar encorvarse sobre sí misma.

Al ver que algo andaba muy mal, César soltó su bebida de inmediato, se acercó a ella y la tomó por la cintura, preguntando con evidente alarma:

—¿Te duele otra vez?

Renata lo miró, aferrándose el abdomen, con la intención de aguantar el dolor hasta llegar a casa para tomarse algún analgésico.

Pero César no aceptó un no por respuesta y ordenó con voz autoritaria: —Al hospital. Ahora.

Sin decir más, le puso el abrigo que ella había dejado a un lado sobre los hombros, pasó un brazo por su espalda baja, la tomó por detrás de las rodillas con el otro y la levantó en brazos en un solo movimiento fluido.

Todo fue tan repentino y dominante que Renata no tuvo tiempo ni de protestar, y su rostro se tiñó de un intenso rubor.

Sin saber dónde poner las manos, se apoyó tímidamente en los anchos hombros del hombre. Sintiendo las miradas curiosas de la gente en el bar, cerró los puños con nerviosismo.

—S-Sr. Zaldívar... de verdad, puedo caminar sola...

César le dedicó una sola mirada y guardó silencio.

Renata se quedó muda, incapaz de articular otra palabra.

Era como si, frente a él, su instinto fuera el de rendirse por completo, dejando que él tomara el control de todo.

En cuanto se dio cuenta de lo que estaba pensando, Renata se horrorizó.

¡Ella ni siquiera lo conocía de antes!

...

César salió del club llevándola en brazos y la acomodó con extremo cuidado en el asiento de su auto.

—Le diré a alguien de mi equipo que lleve tu Range Rover al hospital después.

Renata se quedó pasmada ante su nivel de atención a los detalles. Una extraña y cálida sensación se instaló en su pecho.

Durante todos sus años con Enrique, él jamás se había preocupado tanto por ella.

Esa odiosa comparación solo hizo que la sensación se intensificara.

Apretó los dedos sobre su regazo con fuerza.

Ya no era una niñita ingenua.

Capítulo 247 1

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