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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 246

¡Pum!

Ignacio cayó pesadamente contra el suelo, el impacto sacudiendo todo su cuerpo regordete. Soltó un quejido de dolor...

El ruido atrajo de inmediato las miradas de los presentes.

La humillación quemaba en las mejillas de Ignacio.

Apretó los dientes, intentando sacudirse el mareo, y levantó la vista hacia su agresor. —Maldito...

César Zaldívar dio un paso al frente.

Llevaba un elegante abrigo oscuro de corte impecable. Su presencia imponía un respeto aplastante, especialmente esa mirada oscura y penetrante, como la de un depredador al acecho. Una sola mirada suya bastaba para helarle la sangre a cualquiera.

Las palabras murieron en la boca de Ignacio. Un pánico irracional lo invadió, un sudor frío empapó su espalda.

Sin atreverse a decir una palabra más, se levantó tambaleándose y huyó despavorido.

El rostro de César era una máscara de hielo. Se acomodó el cuello de la camisa y le hizo una discreta seña con la mirada a su guardaespaldas, quien se encontraba detrás de él.

El guardaespaldas asintió y salió tras el sujeto de inmediato.

Renata observaba la escena con el pecho agitado, su mente en blanco durante unos interminables segundos antes de poder procesar lo ocurrido.

Miró al hombre alto e imponente frente a ella, humedeció sus labios resecos y articuló con nerviosismo:

—Sr. Zaldívar... gracias por ayudarme...

Jamás imaginó encontrárselo en un lugar como ese.

César se detuvo un instante, giró para mirarla y notó cómo sus dedos se retorcían de puro nerviosismo. Un atisbo de tristeza cruzó por sus ojos.

Ocultando sus emociones, asintió con elegante reserva, se acercó a ella y preguntó, fingiendo indiferencia:

—¿Te lastimó?

Ese inconfundible aroma varonil y limpio la envolvió de golpe, acelerando los latidos de Renata. Al mismo tiempo, esa fragancia le resultaba extrañamente nostálgica.

La mezcla de ambas sensaciones la dejó completamente desarmada.

Instintivamente dio un paso atrás, bajando la mirada, sin atreverse a sostenerle los ojos. —N-no... estoy bien...

César notó ese pequeño gesto de evasión. Detuvo sus pasos, reprimiendo el impulso de acercarse, mientras su corazón se inundaba de melancolía...

En el pasado, ella adoraba estar pegada a él.

Ahora, incluso acercarse un poco parecía un imposible.

César cerró los puños y murmuró con voz ronca: —Qué alivio.

Renata le agradeció de nuevo, y de pronto se hizo un silencio incómodo. No sabía qué más decirle.

A fin de cuentas, apenas se conocían. Además, el inmenso poder y estatus de él creaban un abismo entre ambos.

César notó su incomodidad, la tensión marcando la línea de su mandíbula.

La lógica le dictaba que debía irse en ese instante.

Pero su corazón le suplicaba a gritos que se quedara.

Finalmente, dio un paso hacia ella.

La había extrañado demasiado.

Capítulo 246 1

Capítulo 246 2

Capítulo 246 3

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