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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 266

Pero cada vez que estaba a punto de descifrar de quiénes eran esas voces, un dolor punzante le atravesaba la cabeza...

¡Plaf! El álbum cayó al suelo.

Incapaz de soportarlo, Renata se encorvó ligeramente y soltó un gemido de dolor.

No entendía qué le estaba pasando. Todo a su alrededor se volvió confuso, como si la hubieran hundido a la fuerza bajo el agua y luego la hubieran sacado de golpe. ¡Se sentía asfixiada!

Al ver esto, el corazón de César dio un vuelco. Se acercó rápidamente, la tomó del brazo y la apoyó contra su hombro, preguntando con voz llena de preocupación:

—Renata, ¿qué pasa? ¿Te duele algo?

Al escuchar esa voz, las pestañas de Renata temblaron. En medio de su aturdimiento, sintió que el tono del hombre se parecía muchísimo a la voz que acababa de escuchar en su cabeza.

Pero, ¿cómo iba a ser posible?

Renata cerró los ojos para recomponerse, convenciéndose de que su imaginación le estaba jugando una broma pesada. Se frotó las sienes y se apartó suavemente de él.

—Debe ser una bajada de azúcar... Me duele un poco la cabeza y me siento mareada.

Pensó que, debido a las emociones extremas de los últimos días, a la falta de sueño y a no haber comido bien, había sufrido una leve hipoglucemia que le provocó alucinaciones.

En realidad, esto ya le había pasado antes. El año pasado, después de terminar un proyecto inmenso con sus colegas, se fueron de viaje a Bali. Al ver el agua cristalina del mar de Bali, también había tenido esas extrañas alucinaciones.

Aunque aquella vez fue más leve y se recuperó en un par de segundos. Esta vez le estaba costando más volver a la normalidad.

Llegó a la conclusión de que últimamente había agotado demasiada energía mental. ¡Apenas terminara el concurso, necesitaba unas buenas vacaciones!

—Lo siento mucho, Sr. Zaldívar. Qué vergüenza.

Renata dio un paso atrás.

Un destello de decepción cruzó por el rostro de César. Por instinto, quiso alcanzarla, pero terminó retirando la mano con frustración y cerrando el puño a su costado.

Él sabía perfectamente que su reacción no era por «una bajada de azúcar». Era la respuesta de su mente al ver algo de su pasado que la estimulaba profundamente.

El doctor le había dicho que esos episodios eran una buena señal. Significaba que ella no había olvidado su pasado por completo y que había emociones muy arraigadas en su interior. Si perseveraba, tarde o temprano lo recordaría todo.

Sí. Perseverancia.

Esa palabra era el pilar que sostenía a César.

Poco a poco, relajó la mano, le dedicó una sonrisa cálida y le dijo:

—No te preocupes. Ve a casa a descansar y cuídate mucho.

Renata asintió con una sonrisa.

—Lo haré. Usted también, Sr. Zaldívar.

De pronto, al recordar el regalo, se agachó apresurada a recoger el álbum del suelo y le dijo avergonzada:

—Sobre este álbum...

Capítulo 266 1

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