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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 27

—La señorita no fue tocada por esos sujetos, no se preocupe, jefe —informó Pablo Cisneros.

Enrique soltó un "ajá" afirmativo y añadió una orden:

—Ve a la habitación 904 y asegúrate de que esté bien.

Pablo se quedó en silencio por un instante, y armándose de valor, respondió:

—Si tiene tiempo, señor... ¿Por qué no va a verla usted mismo? ¿Acaso se quedará cuidando a la señorita Yepes?

Tras esa pregunta, la atmósfera pareció congelarse. Por un largo rato, no se escuchó respuesta alguna.

Enrique bajó la mirada; sus oscuras pestañas proyectaban una sombra sobre sus ojos, ocultando cualquier emoción.

Aplastó la colilla del cigarrillo.

Y respondió con voz sombría:

—Pablo, te estás sobrepasando. Solo me preocupa que ella se entere de cosas que no le convienen.

¿De verdad?, pensó Pablo, suspirando internamente.

Pero al final, no dijo nada más. Después de todo, él solo era un empleado.

—Entendido.

La mirada de Enrique se volvió más brillante y profunda. —Y sobre los imbéciles que se atrevieron a asustar a Ximena... busca el momento oportuno para darles una lección. Que no la pasen nada bien...

...

En la habitación del hospital.

Renata estaba leyendo las últimas noticias del mundo del diseño en su teléfono cuando escuchó pasos acercándose a la puerta.

El corazón se le encogió.

No entendía por qué Enrique había vuelto tan rápido de estar con Ximena. Apresurada, escondió el celular y se hizo la dormida.

No quería hablar con él.

Al segundo siguiente, la puerta se abrió.

Enrique la vio acostada y aparentemente dormida. Se detuvo un instante y luego se acercó a paso lento.

Renata sintió la firmeza de sus pasos aproximándose.

Ese aroma fresco y masculino que tanto conocía la envolvió lentamente, como si la estuviera abrazando. Sus pestañas temblaron levemente y su cuerpo se tensó.

Sintió cómo él tomaba las sábanas y la cubría con delicadeza.

Al terminar, no se alejó. Se apoyó sobre ella, y su respiración ardiente se mezcló con la suya, acercándose cada vez más...

Como si... hubiera inclinado la cabeza.

Como si... la estuviera contemplando.

¿Cómo iba a ser posible?

Renata desechó esa idea al instante.

Un buen rato después, la gran sombra finalmente se apartó y se sentó en la silla junto a la cama.

Pero parecía que no tenía ninguna intención de irse.

El alivio de Renata se desvaneció, y la ansiedad volvió de golpe. No entendía qué pretendía.

Pero decidió que no le iba a importar.

Capítulo 27 1

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