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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 28

Aunque llevaba la cabeza baja revisando el celular, sí estaba prestando atención al camino.

Pero como no tenía tiempo para discutir, solo murmuró un "disculpa" en voz baja...

Sin embargo, al levantar la vista, reconoció ese rostro familiar.

Su expresión se endureció de inmediato.

—Aquí la única que no se fija por dónde camina, es otra —respondió con frialdad.

Ximena cambió de actitud al instante.

La recorrió con la mirada de arriba a abajo, buscando marcas en el cuello o en los labios. Al no ver absolutamente nada, soltó un bufido despectivo.

Se cruzó de brazos y dijo:

—Pues sí, ya nos dimos cuenta de quién no ve lo que tiene enfrente.

—Pasaron tres años y ni así te diste cuenta de que a la única que ama, es a mí.

—Fuiste tan tonta, siguiéndolo a todas partes como un perrito faldero.

—Y no tienes ni idea del asco que él sentía por ti en el fondo.

Fue como recibir un balde de agua helada; Renata estuvo a punto de perder los estribos. Se mordió el interior de la mejilla con todas sus fuerzas.

Porque, por más que le doliera, todo lo que Ximena decía era la pura y cruel verdad.

Al ver su rostro desencajado, Ximena sonrió con aires de triunfo. Dio un paso hacia ella y le murmuró:

—Así que, te doy un consejo: acepta tu realidad y deja de arrastrarte tras él. Deja de acosarlo.

Ahora que se habían quitado las máscaras, ya ni se molestaba en fingir.

Renata apretó los puños y, de pronto, soltó una carcajada.

—Ximena, en todos estos días ni siquiera he cruzado palabra con tu queridísimo Enrique. ¿A qué viene todo esto?

—¿Tienes miedo de perderlo?

—¿Tienes pánico de que empiece a sentir algo por mí y te bote a la basura?

Al escuchar esto, Ximena perdió los papeles por completo y le gritó en la cara:

—¡Renata Yepes!

Renata soltó un resoplido frío, sin ganas de seguir perdiendo el tiempo con ella, aunque su mirada se oscureció un instante al pasar por el vientre de la joven...

Aprovechando ese segundo de distracción, Ximena se acercó a su oído y, con la malicia envenenando su voz, susurró:

—¿Sabes qué, Renata? Para el cumpleaños de mi hermano este año, él no estaba de viaje de negocios como te dijo... ¡La verdad es que, para que yo no estuviera triste, me llevó a Suiza de vacaciones!

¡Boom!

Las palabras estallaron en sus oídos.

El rostro de Renata se tornó pálido como el papel.

Claro que recordaba el cumpleaños de Enrique este año.

Ese día, llena de ilusión y gastando casi todos sus ahorros, le había comprado un traje a la medida y unos gemelos exclusivos. Incluso había reservado un espacio privado en un restaurante de seis estrellas.

Capítulo 28 1

Capítulo 28 2

Capítulo 28 3

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