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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 271

La Sra. Yáñez guardó silencio...

Después de un momento, soltó un bufido frío y admitió: —¡Fui yo! ¿Y qué?

Enrique apretó el celular. —Renata es inocente. ¿No crees que lo que hiciste es demasiado cruel? ¡Hiciste que miles de personas la acosaran en internet!

—¿Cruel? —La Sra. Yáñez soltó una carcajada como si hubiera escuchado un chiste—. Enrique, que la palabra "cruel" salga de tu boca es irónico. ¡Tu forma de hacer negocios es mil veces más despiadada que la mía!

—¿Qué pasa? ¿Acaso te enamoraste de Renata y ahora le tienes lástima?

Enrique sintió un vuelco en el corazón.

Frunció el ceño y respondió: —¡Solo creo que te estás metiendo donde no te llaman!

La Sra. Yáñez se burló: —No me meto por meter. ¡Lo hago porque tengo miedo de que te involucres tanto que luego no haya vuelta atrás! Si no, ni me habría molestado en mover un dedo para que esa lagarta de Ximena participe en el concurso.

—Ya que dices que no amas a Renata, me quedo más tranquila. ¡Bajaré un poco la intensidad de lo que pasa en internet!

El rostro de Enrique palideció de indignación.

Tras colgar la llamada, le quedó un amargo sabor de boca.

Dejó el celular a un lado, encendió un cigarrillo y se dejó envolver por un aura lúgubre.

Recordó las interminables peleas entre la Sra. Yáñez y aquel hombre en su juventud.

Fue un matrimonio por conveniencia; no hubo amor, solo intereses económicos.

Ambos eran figuras destacadas en el mundo empresarial, con un orgullo inquebrantable y un carácter peor que el otro. Durante los años que estuvieron casados, las peleas eran el pan de cada día; solo lograban una breve tregua cuando asistían a galas o eventos sociales.

Tiempo después, el hombre no aguantó más y se buscó a una amante sumisa. Con su temperamento orgulloso, era imposible que la Sra. Yáñez aceptara semejante humillación. Hubo una pelea monumental.

Desde entonces, se separaron. En todos estos años, casi nunca se habían vuelto a ver, excepto para asuntos de vida o muerte.

El resentimiento de la Sra. Yáñez la llevó a proyectar todo su odio y paranoia en él. Desde niño le inculcó la idea de que jamás debía creer en el amor, de que no debía confiar en nadie, y de que el único dios verdadero era el dinero y los intereses.

Así fue como creció, en un hogar plagado de gritos y transacciones vacías.

Por eso, él no sabía qué diablos era el amor.

Para él, creer en el amor era una estupidez; prefería confiar en la naturaleza humana y en lo que le convenía.

Por lo tanto, no amaba a Renata. Su deseo de poseerla se debía simplemente a sus cualidades... lo que él llamaba "beneficios adquiridos".

...

Capítulo 271 1

Capítulo 271 2

Capítulo 271 3

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