—Tranquila —le dijo—, ya sabes que el maestro te aprecia mucho, no se va a enojar contigo.
Renata apretó los labios, sintiendo todavía algo de culpa en el pecho, tomó la taza de café y dio un pequeño sorbo.
Mateo la miró con dulzura y, para ayudarla a distraerse, sacó a colación el evento que tendrían en un par de días.
—...Por lo que me enteré, Enrique Yáñez también irá a la exposición. Le pidió a los organizadores dos boletos, así que lo más probable es que vaya con su "hermanita".
Renata se quedó estática un segundo.
Pero la verdad era que ya no le importaba tanto.
De todos modos, en cuanto terminara la Exposición de Diseño, ella se marcharía de la ciudad.
Mateo le dio unas palmaditas en el hombro, con un tono casi entusiasta.
—Cuando llegue ese día, que se dé cuenta de la pedazo de mujer y profesional que acaba de perder.
Renata soltó una carcajada.
De repente, sintió cierta curiosidad de ver qué cara pondría Enrique cuando se la encontrara allí...
...
Unos minutos después, casi dando las diez y media, Mauricio Zamora hizo su aparición.
Llevaba un elegante traje a la medida que resaltaba su postura firme. Sumado a su expresión inescrutable y fría, imponía respeto y marcaba mucha distancia.
Al escucharlo entrar, Renata y Mateo se pusieron de pie y lo saludaron al unísono.
—Maestro.
Mauricio los miró a ambos, deteniendo la vista en Renata por un segundo extra, y respondió con un seco asentimiento.
Dejó su maletín a un lado y tomó asiento frente a ellos.
—Espero no haberlos hecho esperar mucho.
No le dirigió ninguna crítica directa a Renata.
Ella suspiró aliviada, aunque en el fondo la culpa por haber abandonado su carrera la seguía consumiendo...
Mateo le sirvió una taza de café y aprovechó para preguntar casualmente:
—Maestro, ¿qué pendientes tiene más tarde? Podríamos aprovechar e ir a almorzar juntos antes de que se vaya.
Renata asintió, apoyando la idea.
—Lo dejamos para la próxima —respondió Mauricio tras darle un sorbo a su bebida. Clavó su mirada en Renata y soltó la bomba—: Al rato, Enrique Yáñez me invitó a almorzar. Quiere presentarme a Ximena Zapata para que la acepte como mi estudiante.
Al escuchar eso, ambos se quedaron pasmados.
La mente de Renata se quedó en blanco...
Mateo fue el primero en reaccionar y torció la boca con disgusto. ¡Vaya que Enrique sí que cuidaba bien a su "hermanita"!



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE