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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 34

En aquel entonces, cuando recién entraba al mundo laboral, era ingenua, cometía errores y también lloraba de frustración y ansiedad.

Y Enrique siempre aparecía como un salvador caído del cielo, iluminando su mundo y dándole consuelo...

Renata se dio cuenta de que la presión casi la vuelve loca hace unos minutos.

De no ser así, jamás habría considerado la estúpida idea de llamarlo para pedirle ayuda.

Soltó una risa amarga y se burló de sí misma.

Al final, la razón le ganó al corazón.

Después de cómo había humillado a Ximena, ¿cómo podía esperar que Enrique la eligiera a ella?

Además, la imagen de él ignorándola por completo en la cafetería cuando la vio con otro hombre seguía fresca en su memoria.

Renata apretó el teléfono en su mano con un poco más de fuerza.

...

Tomó un taxi hasta las oficinas del Consorcio Zaldívar.

Durante el trayecto, decidió que lo mejor era enviarle un mensaje previo a César Zaldívar por cortesía.

Al llegar y cruzar las puertas del edificio, se topó con un diseño interior moderno, imponente y lleno de lujo.

Renata se acercó a la recepción.

Llevaba el cabello ligeramente recogido, dejando al descubierto su rostro ovalado y su tez luminosa. Sin necesidad de maquillaje excesivo, sus labios lucían rosados y sus facciones delicadas y hermosas.

Con un sencillo abrigo largo de color blanco, su presencia era limpia y refrescante, como la nieve recién caída, atrayendo las miradas de todos.

Mientras caminaba, la gente en el área de descanso no dejaba de observarla, susurrando entre ellos...

Renata, ajena a los murmullos, llegó al mostrador y mostró su identificación corporativa.

—Hola. Soy Renata Yepes, gerente de proyectos de la Corporación Yáñez. Necesito hablar con el Sr. Zaldívar sobre un asunto urgente. ¿Se encuentra en la oficina?

La recepcionista miró su gafete y le respondió con tono de disculpa.

—Lo lamento mucho, Gerente Yepes, pero nuestro director salió a una reunión de negocios y no sabemos a qué hora volverá. Si desea verlo, puedo agendarle una cita.

Renata apretó los labios.

El tiempo corría y no podía darse el lujo de esperar una cita formal.

Agradeció en voz baja y caminó hacia el área de descanso para sentarse.

Camilo tragó saliva y se atrevió a preguntar:

—Sr. Zaldívar, la señorita Yepes acaba de escribirme. Dice que necesita hablar con usted urgentemente y está esperando en el área de descanso... ¿Vamos a entrar?

César no apartó la vista del cristal. Veía a la mujer aferrada a su teléfono con ansiedad, mirando hacia afuera de vez en cuando. Ese rostro inocente y hermoso era demasiado cautivador...

—Tengo entendido que ella no es el enlace principal de este proyecto —dijo César con voz gélida.

Camilo se quedó sin palabras.

Entendía la reticencia de su jefe. Renata era una copia exacta de Tatiana Rivas, y nadie sabía si la chica se estaba aprovechando de ese parecido para sacar ventaja.

Pero, si no quería verla, ¿para qué diablos regresaron corriendo?

Camilo suspiró, a punto de sugerir que se fueran.

De repente, escuchó cómo se abría la puerta trasera.

Su jefe, el mismo que hace un segundo fingía desinterés, caminaba hacia la entrada principal con el rostro sombrío y pasos decididos.

Camilo parpadeó, confundido, y miró hacia el lobby.

A través del inmenso cristal, vio a un sujeto de traje que se acercaba peligrosamente a Renata...

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