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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 354

El Consorcio Zaldívar y la Corporación Yáñez estaban estrechamente vinculados en sus negocios.

Si ella trabajaba allí, sería cuestión de tiempo antes de que Enrique la descubriera.

Y conociendo el carácter de Enrique, sin duda tendría problemas con César.

No quería causarle problemas al Sr. Zaldívar.

¿Cómo no iba César a entender sus miedos? Sintió una extraña alegría al saber que, en el fondo, él le importaba.

Se acercó, le sirvió un vaso de agua, le puso un popote y le dijo con suavidad: —No te preocupes por Enrique. Tengo un plan excelente. ¿Quieres escucharlo?

Renata parpadeó sorprendida. —¿Cuál?

César dejó el vaso en su mesita de noche para que pudiera beber, y mirándola a los ojos, dijo: —Ir a Santa Clara bajo una identidad completamente nueva. Así, nadie podrá encontrarte jamás.

A Renata le temblaron las pestañas. Era una idea brillante, pero cambiar de identidad legal era sumamente difícil. —Yo...

César le dio unas palmaditas en el hombro y con una voz muy dulce le dijo: —Si estás de acuerdo, yo me encargaré de todo el papeleo por ti.

Los labios de Renata temblaron. Al chocar con la mirada profunda del hombre, sintió como si algo le tocara el corazón; un cosquilleo sutil la invadió, dejándola abrumada.

Rápidamente bajó la mirada.

—Sr. Zaldívar, hacer tanto por mí solo para que trabaje en su empresa... ¿de verdad vale la pena? ¿Y si luego se da cuenta de que no soy tan buena como cree? ¿No sería una gran pérdida para usted?

Viendo el temblor de sus pestañas, César sonrió. —Eres a quien elegí. Si gano o pierdo en el futuro, es asunto mío, no tienes por qué preocuparte.

A Renata se le cortó la respiración. Al levantar la vista, se topó de nuevo con aquellos ojos oscuros y profundos, y su corazón se aceleró sin control.

Sus miradas se cruzaron.

Los ojos de César también se oscurecieron.

Con voz ronca, dijo: —Entonces está decidido. Mañana vendré por ti. Esta noche, háblalo bien con tu hermana.

—En cuanto a tu sobrino, ya dejé todo arreglado, no te angusties por él.

Renata se sintió conmovida hasta el alma. Asintió y dijo en voz baja: —Entonces... será una molestia para usted, Sr. Zaldívar.

César sonrió. —Descansa, me retiro por ahora.

—Sí.

César le dedicó una última mirada cargada de emociones antes de darse la vuelta.

Le costaba irse.

Pero en asuntos del corazón no podía forzar nada, especialmente cuando ella aún no recuperaba la memoria y no sabía que él era el amor de su vida. Para ella, ahora mismo no era más que un conocido amigable.

Por lo tanto, retirarse a tiempo era lo mejor. Si se quedaba más tiempo, solo la pondría incómoda y el efecto sería contraproducente.

Además, tenía que hacer los trámites. Este asunto era demasiado importante y no confiaba en nadie más, tenía que hacerlo personalmente.

La puerta se cerró suavemente.

Renata dejó escapar un suspiro de alivio. Agradecía que se hubiera ido apenas terminaron de hablar, o no sabría cómo comportarse.

En ese instante, la puerta volvió a abrirse de golpe.

El corazón le dio un salto, creyendo que César había regresado. Giró la cabeza. —Sr. Zaldívar...

Pero antes de que pudiera terminar, al ver quién era, palideció al instante.

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