Entrar Via

MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 362

Ximena dio un respingo, soltando un grito del susto. Su mano tembló tanto que el celular cayó sobre las sábanas. Levantó la vista, aterrada, hacia la entrada. Al ver que era Enrique quien regresaba, toda la sangre abandonó su rostro.

Con los labios temblando, murmuró:

—Enrique...

Bajó la mirada al teléfono y, presa del pánico, se apresuró a inventar excusas.

—Enrique, no es lo que piensas, no es así, te lo juro. Déjame explicarte...

Enrique la observaba con el rostro de piedra. Verla mentir descaradamente solo echó más combustible al fuego que le ardía en el pecho.

Avanzó hacia ella, envuelto en un aura letal.

—Ximena Zapata, jamás imaginé que fueras este tipo de monstruo. ¡Eres una víbora venenosa!

Al oír esas palabras, el cuerpo de Ximena se congeló. Levantó la mirada, temblorosa, con los ojos inyectados en sangre. De repente, como si algo se hubiera quebrado dentro de ella, gritó, perdiendo por completo la cordura:

—¿Yo una víbora venenosa? ¡Ja! ¡No te llego ni a los talones! ¡El más despiadado de los dos siempre has sido tú...! ¡Ugh!

Enrique entrecerró los ojos, harto de sus histerias. Con un movimiento fulminante, extendió la mano y le agarró la garganta, apretando con una fuerza brutal, como si realmente tuviera la intención de estrangularla.

El rostro de Ximena se tornó de un rojo púrpura intenso. Emitió gruñidos ahogados de agonía mientras sus manos intentaban arañar los dedos que la asfixiaban.

—Suél... suéltame... —balbuceó.

Enrique no aflojó el agarre ni un milímetro. Su voz sonaba más fría que el hielo.

—¿Dónde está Renata?

—¿Quién era el infeliz con el que hablabas? ¿Era el secuestrador de las gafas?

—¡Responde!

Ximena luchaba desesperadamente por respirar. Al ver la expresión enloquecida del hombre frente a ella, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero de repente, una sonrisa perturbada cruzó sus labios. Rió con una mezcla de locura y victoria.

Con la garganta aplastada, forzó las palabras, y su voz sonó como un chirrido espantoso:

—¿No viste que la fábrica estaba en llamas? Y todavía tienes el descaro de preguntar por ella... ¡Ya está muerta! ¡Nunca más la volverás a ver!

—Y en cuanto a ese hombre... jajaja, ¡te juro que jamás descubrirás quién es!

—...

Enrique entrecerró los ojos y sus dedos apretaron con aún más saña. Por un segundo, el instinto de matarla ahí mismo casi dominó por completo su mente.

Ximena soltó un quejido agónico. Su rostro pasó de rojo a un tono azulado morboso, y las manos con las que forcejeaba perdieron fuerza, cayendo flácidas a los lados de la cama...

Enrique frunció el ceño. Finalmente la soltó, tirándola contra el colchón como si fuera una bolsa de basura pestilente. Sacó un pañuelo de su bolsillo y, con profundo asco, se limpió las manos.

Ximena se desplomó como un pez fuera del agua, jadeando ruidosamente en busca de aire. Por el rabillo del ojo, vio cómo él arrojaba el pañuelo al basurero, un gesto que la hizo apretar las sábanas bajo sus manos.

La mirada de Enrique era de un frío infernal. Cuando volvió a hablar, su voz parecía provenir de lo más profundo del inframundo:

—Esto no se ha acabado. Más te vale rezar para que Renata esté viva. ¡Porque si no lo está, te prometo que tu destino será mil veces peor que el de ella!

El corazón de Ximena dio un vuelco. Lo miró, con el rostro cadavérico, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Llorando histéricamente, le reclamó:

—¡Yo te salvé la vida! ¿Así es como me pagas?

—¿Me salvaste la vida?

Enrique lo repitió como si acabara de oír la peor de las bromas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE