Por lo visto, sus sentimientos realmente estaban cambiando.
Solo que él aún no se daba cuenta, o tal vez se negaba a admitirlo.
¡Esto no podía seguir así!
...
Mateo Linares llevó a Renata a saludar a un par de contactos más antes de acompañarla hacia la salida.
Caminaban charlando tranquilamente.
Mateo le preguntó: "El Gran Concurso de Diseño de este año está a la vuelta de la esquina. ¿Vas a participar?"
Renata, que había desperdiciado tres valiosos años de su carrera por culpa de Enrique, no iba a dejar pasar esta oportunidad.
Sonrió con confianza. "Claro que sí, ¡y voy con la mira puesta en el primer lugar!"
Mateo no pudo evitar sonreír al verla tan radiante y decidida. Aquella sonrisa lo transportó al día en que se conocieron, cuando ella era apenas una joven llena de sueños e ilusiones.
Extendió la mano y le alborotó el cabello con cariño.
"Confío en ti."
Renata esquivó el gesto riendo y le dio un leve golpe en el brazo.
Mateo la miró con intensidad por un segundo antes de apartar la mano.
"Lástima que no pudimos darles su merecido a Enrique y Ximena revelando quién eres. Y todo por mencionar a César Zaldívar... Dime la verdad, ¿acaso hay algo entre tú y él que no me has contado?"
Renata sintió un nudo en el estómago. No quería darle detalles sobre su enredo con César.
Mientras menos personas supieran de esa falsa acta de matrimonio, mejor.
Así que le dio una respuesta evasiva, restándole importancia.
Mateo, notando su reticencia, no insistió más, lamentando solo que la gran revelación tuviera que esperar a otra ocasión.
Al llegar al estacionamiento, Mateo sacó de su auto una bolsa grande llena de regalos que había preparado especialmente para ella.
El gesto estaba cargado de un cariño genuino.
Renata se sintió profundamente conmovida. Se acercó y lo abrazó con fuerza.
"Gracias por todo, Mateo."
Él le dio un par de palmadas reconfortantes en la espalda.
"Todavía tengo que atender a unas personas en el evento, no me puedo escapar. Vete con cuidado y en cuanto llegues a Santa Clara, avísame."
"Claro que sí..."
Las despedidas siempre dejaban un sabor amargo.
Pero sabía que pronto volverían a verse.
Murmuró en un tono bajo y seductor: "¿En serio? Entonces, ¿me podría explicar por qué evita mirarme?"
Renata sintió un temblor recorrer sus pestañas.
La voz de César bajó aún más su intensidad.
"O mejor se lo pregunto sin rodeos: Gerente Yepes, ese día en mi oficina, ¿qué era exactamente lo que quería decirme?"
"Y hoy, ¿qué hace aquí? ¿Bajo qué pretexto ha venido? ¿Acaso es usted la misteriosa alumna de Mauricio Zamora?"
Cada palabra fue un golpe certero.
Cada pregunta dio justo en el clavo, desnudando los secretos que Renata intentaba ocultar.
Apretó los dedos con fuerza, presa de los nervios.
Siempre se había considerado alguien que no se dejaba intimidar fácilmente, pero la presencia de César lograba desarmarla de una manera que ni ella misma lograba entender.
Justo como en ese momento.
Se sentía incapaz de formular una respuesta coherente, hasta el punto de sentir el impulso irracional de confesarle la verdad para librarse de esa presión asfixiante. Al fin y al cabo, ya estaba a punto de irse de la ciudad.
Cerró los ojos por un instante, buscando valor.
"Sr. Zaldívar..."

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